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17 mayo 2021
Katia D'Artigues
Columnas

LUIS ÁNGEL, JOSÉ ALBERTO, ANA KAREN Y EL METRO

En este país en el que muchas veces parecemos “anestesiados” contra tanto dolor cotidiano hay algunas tragedias (que suceden todos los días) que nos sacan de nuestro letargo. En estas pasadas semanas hubo dos: el derrumbe en la Línea 12 del Metro y el secuestro y asesinato de tres hermanos, Luis Ángel, José Alberto y Ana Karen, a quienes un comando criminal sacó de su casa en Guadalajara el viernes 7 de mayo y a quienes encontraron muertos el domingo.

La muerte de los jóvenes de 23, 29 y 24 años, dice el fiscal jalisciense Octavio Solís, parece que fue una “confusión” del crimen organizado. En realidad iban por otra persona —que sí tenía vigilancia de la ahora cada día más desacreditada, qué pena, Fiscalía General de la República— que era su vecino.

Y como en este país solamente uno de cada ocho homicidios dolosos acaba en una sentencia condenatoria, y vaya usted a saber de qué se enteraron los jóvenes en esas horas, los mataron.

Me dio gusto ver la reacción de parte de la ciudadanía de Guadalajara. Se organizó una marcha, en plena pandemia, que logró reunir a unas diez mil personas y donde se habló de paz. De la paz que tanto buscamos y tanto parece alejarse. Lo mismo a la hora de caminar con tranquilidad en las calles que simplemente comentar lo que uno piensa en una red social.

Seguí la marcha con atención. Si bien había de todo (como es lógico) el #MarchaPorlaPazyLaJusticia reunió a muchos chavos y ciudadanos enojados, preocupados por lo que pasa. Eso alienta siempre. Por otro lado se tomó mucho tiempo para “pegarle” —y usted dirá que quizá tienen razón— al partido del gobierno actual de Jalisco, Movimiento Ciudadano (MC). Hubo, ni duda cabe, una gran presencia de Hagamos, un nuevo partido político de ese estado que comanda el todopoderoso dirigente de la Universidad de Guadalajara, Raúl Padilla López.

Por algo la familia no estuvo presente (también estaban en los trámites engorrosos de la entrega de los cuerpos de sus hijos) y prefirieron hacer su pequeña marcha al día siguiente: el miércoles. Convocada por amigos de los jóvenes y con familiares, fue particularmente emotivo que cuando llegaron al Palacio de Gobierno ahí estaban músicos de distintas orquestas. José Alberto, uno de los hermanos, era cellista. Luis Ángel estudiaba Geografía. Ana Karen, la menor, trabajaba en negocios automotrices.

El Metro: crónica de la tragedia anunciada

Las imágenes y los testimonios de las familias nos cimbran aún; tragedia inenarrable: 26 personas —que eran padres, madres, hermanos, amigos— murieron; otras 33 luchan por su vida.

En cualquier país (bueno, no en cualquiera, en alguno con alguna decencia y Estado de Derecho) alguien ya hubiera renunciado. ¿Solo se vale presumir los logros del encargo en su momento pero no la responsabilidad en lo que salió mal en una obra que costó 26 mil millones de pesos?

¿Por qué sigue manteniendo Claudia Sheinbaum a la directora del Metro, Florencia Serranía, en su puesto? No lo entiendo. Tras el criminal “incidente” (como le dijo la jefa de Gobierno) esto le ha costado a ella 22 puntos en su aprobación.

Aunque Marcelo Ebrard, bajo cuya administración en la ciudad se creó y estrenó la Línea 12, se puso a disposición, fue inmediatamente cobijado por Morena. Ni una comisión especial para investigar. Eso sí: quieren desaforar a su sucesor, el ahora perredista Miguel Ángel Mancera.

Hay algo de fondo también si queremos tener “responsables verdaderos”. Lo escribió José Ramón Cossío: como la Ciudad de México no es ni limonada ni naranjada, es decir: sí es una entidad y tiene su Constitución pero al mismo tiempo es capital de la República, no tiene un marco regulatorio para la realización de obras públicas.

¿Y las víctimas? Pues lo dijo el propio presidente en la conferencia mañanera: “Al carajo”. Lo dijo en el sentido de que él no irá a visitarlas, a abrazarlas, a brindarles algo de empatía (que ahora nos enteramos es “neoliberal”) o cercanía.

Su actitud hacia las víctimas no la acabo de entender y quedó reafirmada días después al hacer un show de la mañanera el 10 de mayo (es literal: cantó Eugenia León) mientras, qué vergüenza, Olga Sánchez Cordero, Alejandro Encinas y Karla Quintana recibían ¡en la calle! a madres de ¡personas desaparecidas! que fueron a manifestarse ese día a Palacio Nacional.