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Víctor Lerena/EFE
22 enero 2021
Hector González
Columnas

“SIN UN FIN, LA LIBERTAD SE VUELVE UNA MENTIRA”

La mejor poesía latinoamericana necesariamente atraviesa por la figura de Darío Jaramillo Agudelo (Antioquia, Colombia, 1947): autor de más una decena de títulos destaca por su forma de explorar por medio de las emociones, la condición humana y los procesos sociales de su país.

Víctima de un atentado por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1989, el escritor perdió un pie aquel año. Pese a ello no deja de manifestar abiertamente sus posiciones políticas ni de manifestarse a favor de la libertad como una forma de ser mejores.

—En alguna ocasión Sergio Pitol dijo que a partir de Poemas de amor usted alcanzó un grado mayor de libertad. ¿El lenguaje libera?

—Probablemente si me hubieras hecho esa pregunta hace unos años te habría contestado algo distinto. En lo personal ahora creo que la comprensión poética libera. Gracias a ella podemos entender. Como autor mi aspiración actual es que mis libros no envejezcan y los nuevos lectores los reciban como algo actual.

—Aunque en algún momento la libertad era una búsqueda y un tema…

—Y después un mito. Los jóvenes de mi generación la encontrábamos en el sexo o en el estómago. Cada generación tiene su propia estupidez; la nuestra era una libertad mal entendida. Buscamos la libertad para ser libres, no para ser mejores o felices. Ahí nos equivocamos. Supongo que ese inmediatismo fue una herencia del existencialismo o de Bakunin. Nuestro castigo fue vivirlo. A partir de entonces nos dimos cuenta de que la libertad sin una finalidad se convierte en una mentira.

—Es muy crítico con su generación, ¿no?

—Nos tocó vivir de primera mano la muerte, la enfermedad, la drogadicción y la violencia, en parte por no darle un cauce adecuado a nuestra libertad. Es verdad que Colombia salió de una guerra, pero actualmente hay mucha violencia. Las masacres de ahora son estremecedoras y un total misterio. No sabemos si es una cuestión política o producto del narcotráfico. Estoy desconcertado y triste porque las víctimas suelen ser casi niños.

—Tanto en Colombia como en México la libertad es amenazada por la violencia.

—Sin duda. Y un paso para salir atraviesa por la legalización de la hoja de coca. Poco a poco se han inventado mecanismos para pasar de lo ilegal a lo legal. Hace poco en Colombia se propuso un proyecto de ley para que el gobierno comprara las cosechas de coca y le diera utilidad médica para quienes la necesiten por adicción. El único final de todo esto tendría que ser ese. Hace 30 años no se podía decir esto de la marihuana y hoy paulatinamente su consumo va siendo regulado. Con la cocaína tarde o temprano pasará eso: es la única manera de evitar la creación de economías que violenten contra el Estado.

—Ese tema, como otros tantos, despierta polarización.

—En sí vivimos tiempos polarizados. El mayor ejemplo es Estados Unidos. Alrededor del mundo vemos modelos de gobierno que promueven antagonismos.

Definiciones

—¿Cómo consigue insertar el amor, la música o la libertad en contextos tan complejos?

—Antes de ser zoon politikon el hombre es un zoon que ama, goza de la comida, el amor y la música. La suma de las satisfacciones individuales debería producir una sociedad más feliz y libre.

—¿Nos ve muy alejados de ese escenario?

—La felicidad es el nombre que se le da a la paz con uno mismo. Y creo que ahí podríamos incluir también la libertad en el entendido de un pacto con el mundo para sobrevivir y convivir. La felicidad podría ser la ausencia de problemas o conflictos. No es una epifanía, ni un estado permanente, sino algo que se construye a diario en términos de paz interior.

—¿Usted la ha encontrado escribiendo?

—Llevo meses encerrado en la casa. Cumpliendo las órdenes de no salir porque tengo una serie de enfermedades que me harían muy propenso a la plaga. Además de escribir tengo la sensación de que el tiempo no pasa y eso ya me produce una especie de felicidad. Me produce mucho gozo leer, escribir, escuchar música, un buen plato y el beisbol.

¿Qué tipo de poesía ha escrito durante el confinamiento?

—No he escrito poemas. La poesía me da por rachas, así ha sido toda la vida. Ahora estoy terminando un ensayo, Indagación sobre los fantasmas, un recorrido histórico de su presencia principalmente en la literatura y en la filosofía. No solo me interesan los que del más allá vienen para acá sino quienes desde aquí van al más allá, como sucede en La Divina Comedia.

¿Cree en el más allá?

—No estoy seguro de que sea “más”, ni de que sea “allá”, pero sí creo que hay algo.

—En varios de sus libros la presencia de Dios es constante. ¿Cree en Dios?

—La pregunta es sencilla pero implica una respuesta muy difícil. Hay fuerzas a las que se pueden poner varios nombres, pero sí creo. Me interesa mucho el tema de lo invisible y lo inmaterial. No tengo prueba de su existencia pero me inquieta. Dediqué un libro entero a pensar por qué Dios creó al hombre. Planteé 70 hipótesis, empezando con que no fue él quien lo creó sino un intermediario y cuando hay tantos intermediarios las cosas se van deformando. Aun así me parece más importante preguntarnos: ¿Dios cree en mí? La cadena de respuestas es interminable. Muchas son divertidas y representan una forma de hacer oración.

—¿Qué diría Dios de un momento como este? ¿Lo habríamos decepcionado?

—Tal vez lo pensó así: Él sabe todo. Dios debe mostrar algún grado de flaqueza para que el diablo haga su oficio. Si Dios siempre gana el diablo se desmoraliza. Si construimos toda clase de teologías con la imaginación y sin el sentido de la trascendencia a lo mejor resulta divertido. Me gustan las definiciones y últimamente la que más me gusta sobre el hombre es la de Saint-Exupéry cuando dice que somos un nudo de relaciones.

—¿Cómo ha llevado el confinamiento? ¿Se siente menos libre?

—Es una pregunta sicoanalítica y en principio no me siento menos libre. Continuamente me planteo si tengo ganas de salir y mi respuesta, al menos por ahora, es no. En casa tengo todo lo que necesito. Si hiciera una lista de cosas por hacer una vez que me vacune la primera sería ir a mi casa en Medellín: la tengo abandonada. Y tal vez ir a comer una empanada argentina. Para mí el plazo del miedo es la vacunación.

Perfil

Darío Jaramillo Agudelo es un poeta colombiano nacido en 1947. Se le considera el mayor representante de la Generación del Desencanto. Se graduó como economista y abogado por la Universidad Javeriana de Bogotá. Entre sus libros destacan Historias, Del ojo a la lengua, Cuadernos de música, Cartas cruzadas, Novela con fantasma y La voz interior. Entre sus premios, el Nacional de Poesía e Internacional de Poesía Federico García Lorca, así como el Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus.