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14 junio, 2021
Lucy Bravo
Columnas

LA ESTRATEGIA DE KAMALA

“Este ya no es un problema político: es humanitario”.

Esta semana, mientras Joe Biden terminaba de empacar sus maletas para su primera gira internacional a Europa, su segunda al mando, Kamala Harris, enfrentó la primera prueba diplomática de su vicepresidencia: un viaje a Guatemala y México.

Con el objetivo de subrayar el enfoque de la administración Biden en Centroamérica y la migración, Harris se reunió con los mandatarios de ambos países para atender las causas de la crisis en la frontera sur de Estados Unidos.

Sin embargo Harris cometió un error inexplicable al no viajar a la región fronteriza de su país. Pero no por las razones que sus adversarios políticos inmediatamente capitalizaron en los medios de comunicación sino porque es verdaderamente importante conocer de primera mano lo que está pasando en su frontera, sobre todo después de la era Trump.

Para los republicanos la aritmética es bastante sencilla: hacer énfasis en el número creciente de migrantes indocumentados que llegan a la frontera sur de su país y colgarle las estadísticas a Harris, a quien Biden designó como encargada del tema migratorio, y así afectar sus aspiraciones presidenciales. Mientras tanto, para los demócratas el cálculo fue no caer en esa trampa política y mantener a la vicepresidenta como la figura central para atender las causas fundamentales de la migración desde Centroamérica, pero siempre de manera ambigua.

Lo que no tomaron en cuenta es que no hay mejor manera de entender la crisis migratoria que escuchar a los migrantes que, contra todo pronóstico, llegaron y tocaron a su puerta. Y mientras Harris siga enfrascada en los grandes discursos y las reuniones de alto nivel su entendimiento del drama migratorio seguirá siendo de segunda mano. Simplemente no hay informe gubernamental que sustituya una conversación con el ser humano detrás de la estadística. Después de todo, este ya no es un problema político: es humanitario. Y resulta verdaderamente paradójico que sean precisamente los gobiernos que les han fallado a todas estas personas los principales interlocutores de Harris.

Voluntad

Pero más allá de una estrategia pensada en proteger el capital político de Harris la realidad es que sigue siendo una apuesta arriesgada que fácilmente podría cobrarle factura a los demócratas en 2022. La escasa mayoría que obtuvieron en ambas cámaras en la última elección les otorga muy poco poder de negociación con sus contrapartes en el Congreso. Y si algo hemos visto en los grandes debates legislativos es que el Partido Republicano solo deja que corra el reloj hasta los próximos comicios. Aquella promesa de una reforma migratoria bajo el gobierno de Biden se ve cada vez más lejana.

Además fuera de los pasillos de la Casa Blanca o de los propios salones de Palacio Nacional la realidad es otra. Los cruces fronterizos ilegales aumentan desde abril de 2020 y apenas hace dos meses se registró la cifra más alta de detenciones de indocumentados en 20 años, con al menos 170 mil. A esto hay que sumarle el inhumano legado de Trump, que dejó a más de 500 niños separados de sus familias, sin manera de reunificarlos.

La visita de Harris se trata de un buen primer paso para demostrar la buena voluntad de resarcir el daño provocado por el antecesor de Biden. Pero tampoco podemos calificarla de ser un parteaguas en el manejo de una de las crisis más antiguas y más complejas de la región. El balance es un Memorándum de Entendimiento en el que ambos gobiernos se comprometen a “atender las causas estructurales de la migración irregular” y a reunirse cada tres meses para monitorear el avance.

También destacan el anuncio de un diálogo económico de alto nivel para septiembre próximo; una inversión adicional de EU de 130 millones de dólares durante los próximos tres años en nuestro país para la implementación de una mejor legislación laboral; incentivar la inversión de 250 millones de dólares en nuestra región sur y ayudar a expandir la capacidad forense para resolver los más de 82 mil casos de personas desaparecidas en nuestro país. Todos, sin duda, acuerdos muy importantes, pero para aquellos que hoy duermen en un refugio para migrantes eso y nada es lo mismo.

Lexema Dicen por ahí que la diplomacia es el arte de lo posible, no de lo deseable. Pero al parecer la nueva administración estadunidense está en riesgo de repetir los mismos errores al olvidar lo que es urgente.