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01 marzo 2021
Jorgina Gaxiola
Columnas

EL CHICHARRONERO (2)

Vivimos bajo un sistema de administración que no soluciona los problemas de la población en general.

Al momento de escribir esta columna en México hay dos millones 52 mil 266 personas contagiadas por coronavirus; han fallecido 181 mil 809 mil en total y el martes pasado, en un solo día, murieron mil 273.

Por fortuna don Jorge y su esposa sobrevivieron al Covid-19, aunque siguen sufriendo algunas secuelas, como dolor de huesos, fatiga y dificultad para respirar.

Ahí en Jalalpa (Ampliación) nunca hubo un verdadero confinamiento. La gente tenía que salir a trabajar y a vender sus mercancías. Entre los miles que se enfermaron algunos perdieron su trabajo; otros, parte de su patrimonio en doctores, hospitalización y medicinas.

Todos conocen al señor chicharronero. Lleva más de 25 años viviendo en la colonia. Con el cubrebocas puesto me platicó que durante el año ha bajado su clientela porque muchos se quedaron sin ingresos. Frustrado, me dijo que la gente viene a pedirle fiado el chicharrón ya que no tiene qué comer. Él se los regala porque dice que entiende lo que los demás están sufriendo. Sin embargo se queja de que nadie en la alcaldía ha ido a ayudarlos para enfrentar ni la crisis sanitaria ni la económica.

La alcaldía Álvaro Obregón es una de las más desiguales en el país. Es un mosaico de las distintas realidades y problemáticas que se viven en México.

Por ejemplo, ¿alguna vez ha tenido una infección estomacal o ha sufrido una intoxicación por comer en algún puesto de la calle? Este es solamente un ejemplo: la comida de los puestos está contaminada porque en el marco de la ilegalidad no tienen servicio de agua potable; las autoridades extorsionan a los comerciantes cobrándoles “derecho de piso”; y es esa corrupción la que permite que no se emita un certificado de manejo higiénico de alimentos, provocando una alta incidencia de enfermedades gastrointestinales, en muchas ocasiones mortales.

Preguntas

Mi papá comió alimentos contaminados en algún lugar de la calle, tal vez en alguna de sus obras. ¿Qué porcentaje de la población puede pagar un hospital privado por una infección en el cerebro? ¿Qué pasa con los que no pueden? ¿Cuál es la responsabilidad de las autoridades de la alcaldía para mantener a sus habitantes seguros de infecciones estomacales o como la que provoca el Covid? ¿Se puede responsabilizar a las autoridades por el daño patrimonial que le causan a los ciudadanos enfermos por no proveer servicios de alimentos en las mejores condiciones? ¿Por no ordenar y estar atentos al confinamiento que era necesario durante la pandemia, a la realización de pruebas y seguimiento de posibles infecciones?

Tanto don Jorge como mi papá perdieron gran parte de su patrimonio por una enfermedad grave; ambos carecieron de clínicas públicas que pudieran ayudarlos a salir adelante. Y ahí es cuando uno se pregunta: ¿para qué pago impuestos? Es ahí cuando a pesar de las aparentes diferencias todos vivimos bajo un sistema de administración que no soluciona los problemas de la población en general.

Estimado lector, yo le pregunto: ¿ya sabe dónde se va a comer sus próximos taquitos?