¿POR QUÉ LOS ABUCHEOS A LA SELECCIÓN?

“La Selección necesita reconciliarse con su gente”.

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Columnas
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Muchos se rasgan las vestiduras porque la afición abucheó a la Selección Mexicana en la reinauguración del Estadio Banorte, en el partido frente a Portugal, como si el aficionado no tuviera derecho a expresar lo que siente. Como si ir al estadio implicara firmar un contrato de aplauso automático.

Y no, no se trata del típico argumento simplista de “si no te gusta, no vayas”. Se trata de algo mucho más profundo: memoria. Porque el aficionado mexicano no es tonto. Lleva años —décadas— cargando con una relación marcada por promesas incumplidas, procesos irregulares y actuaciones que en más de una ocasión han quedado a deber.

El abucheo no nace de la nada. No es capricho ni moda. Es una reacción. Es una forma de decir: “ya basta”. Y en el futbol, como en la vida, la exigencia también es una forma de cariño. Se le exige al que importa.

Por otro lado, muchos creyeron que el contexto obligaba al aplauso: estadio renovado, rival internacional, ambiente de fiesta. Pero el futbol no funciona así. Ni el concreto nuevo del Banorte ni el discurso institucional pueden maquillar lo que pasa en la cancha. Si México vs. Portugal no gustó, no gustó… y punto.

Pretender que la afición solo puede apoyar incondicionalmente es no entender el juego. Es querer ver el futbol de espaldas. Porque el hincha también juega su partido desde la tribuna y su voz —sea en forma de ovación o de silbido— es parte esencial del espectáculo.

Afición fiel

Cubrí a la Selección muchos años y le puedo decir que la afición mexicana ha sido, históricamente, fiel. Ha llenado estadios, ha cruzado fronteras, ha sostenido un negocio gigantesco alrededor del futbol nacional. Pero también ha sido una afición castigada. Y eso, tarde o temprano, pesa.

Sí creo que hoy más que nunca la Selección necesita reconciliarse con su gente. Y eso no se logra pidiendo paciencia infinita sino ofreciendo resultados, identidad y compromiso. Porque en el pedir está el dar.

Yo le deseo lo mejor a México. Ojalá que en la próxima Copa del Mundo veamos un equipo que vuelva a conectar con su gente. Pero esa reconciliación no se va a imponer… se va a construir. Y esa construcción empieza —les guste o no les guste— escuchando a la tribuna.

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