BATALLAS DE DAVOS

Donald Trump
Columnas
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Donald Trump llegó al Foro Económico Mundial con la espada desenvainada: exigiendo a Dinamarca la entrega de Groenlandia —una enorme isla en el Ártico de más de dos millones de kilómetros cuadrados— y amenazando a los países de Europa que apoyaban la soberanía danesa sobre este territorio semiautónomo con aplicarles aranceles de 10% adicionales a los que ya con anterioridad les decretó por otras “faltas” reales o imaginarias.

En su largo y tortuoso discurso de casi dos horas del miércoles 21 de enero Trump ratificó su deseo de apoderarse de Groenlandia; un premio pequeño, dijo, apenas un pedazo de hielo más que un territorio real, a cambio de todo lo que él en lo personal y el gobierno de Estados Unidos han hecho por Dinamarca y por el mundo.

Del lado positivo, afirmó que no usaría la abrumadora fuerza militar estadunidense para tomar posesión de Groenlandia.

Davos, sin embargo, es una cumbre especial. Además de los discursos formales en el salón de plenos, permite la posibilidad de reuniones pequeñas con líderes internacionales y directivos de empresas importantes. En este caso, Trump tuvo una reunión intensa con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, exprimer ministro de los Países Bajos, hasta lograr un acuerdo preliminar sobre Groenlandia que garantizaría la seguridad del territorio sin obligar a Dinamarca a ceder la soberanía.

Si bien los detalles de este acuerdo no se han dado a conocer al momento de escribir este artículo, la primera consecuencia concreta fue el anuncio del presidente Trump de cancelar los aranceles adicionales de 10% que había ordenado contra los países de Europa que enviaron contingentes a un ejercicio militar coordinado por Dinamarca en Groenlandia. A Trump no le gusta decir que se echa para atrás en ninguno de sus objetivos, pero es claro que en esta ocasión lo hizo ante la presión conjunta de los países de Europa y Canadá.

Logro

Al día siguiente, el 22 de enero, Trump cambió de prioridad y lanzó en Davos su Consejo de la Paz (el Board of Peace), con el apoyo de 19 jefes de Estado y de Gobierno y representantes de países reunidos en el Foro Económico Mundial.

Si bien hubo cuestionamientos de gobiernos que ven en este consejo un intento de reducir la importancia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para trasladar sus responsabilidades fundamentales a un organismo no solo encabezado por Estados Unidos, sino dirigido directamente por Trump, el consejo por lo menos pudo adjudicarse un triunfo importante: en la ceremonia de creación apareció en video Ali Shaath, el presidente del Comité Nacional de Palestina para la Administración de Gaza, quien luego de agradecer el apoyo de Trump anunció la reapertura en ambas direcciones del cruce fronterizo de Rafah entre Gaza y Egipto.

Este es un anuncio de enorme relevancia para el retorno de Gaza a una situación de normalidad económica y social.

Si Trump llegó a Davos el miércoles 21 con la espada desenvainada y a punto de entrar en un conflicto muy importante con los países de Europa y Canadá, se marchó el jueves 22 con la extraña victoria de haber demostrado que puede retractarse de una posición que declaraba inamovible, la apropiación de Groenlandia; y luego de haber creado un Consejo de Paz que, si bien repudiado por la mayoría de los países, ha tenido ya un logro concreto: la reapertura de un cruce fronterizo crucial en Gaza que la ONU no había logrado reabrir a pesar de todos sus esfuerzos.

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