BONDAD CALLADA

Bondad
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El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad.

Ludwig van Beethoven

Realizar actos benéficos es algo admirable. Es algo que nos hace sentirnos bien, nos hace manejarnos con orgullo y al final del día también nos viene bien en cuanto a nuestra reputación. Aún así, a muchos de nosotros nos cuesta trabajo o dudamos si debemos compartir que hemos realizado algún tipo de acto benevolente.

Si bien hay investigaciones que se han centrado en cómo juzgamos la virtud de las acciones de los demás, es menos común que alguien se pregunte cómo se puede anticipar la percepción de nuestro buen comportamiento.

Jerry Richardson, autor y sicólogo en la Universidad de Cornell, y sus colegas decidieron abordar esta cuestión en su último estudio. Para este se preguntaron cómo espera la gente sentirse después de compartir que realizaron actos buenos.

A través de cinco estudios descubrieron que las personas esperan que hablar de sus propias buenas acciones les haga sentir mal, lo que sugiere que puede haber una compensación emocional al compartir nuestros actos de bondad.

En el primer estudio, más de 400 participantes recordaron una acción buena o un logro y predijeron cómo se sentirían si lo mantuvieran privado, se lo contaran a un amigo o lo publicaran en las redes sociales. Los participantes anticiparon que compartirlo en general los haría sentirse significativamente mal, un efecto que era mucho más fuerte para las buenas acciones que para los logros, ya que las personas esperaban menos felicidad y orgullo y más vergüenza.

Un segundo estudio replicó este patrón y amplió los resultados. En este caso, casi 500 participantes leyeron escenarios breves que describían un logro personal o una buena acción realizada por ellos mismos o por otra persona. En algunos casos el acto se mantenía en privado, mientras que en otros se compartía con un amigo. Los participantes volvieron a creer que compartir una buena acción les haría sentir significativamente peor, pero que los demás se sentirían mejor en la misma situación.

Efectos

El costo emocional de la revelación personal provenía de la previsible disminución de la felicidad y el orgullo, junto con el aumento de la vergüenza y la incomodidad, efectos que no se producían en el caso de los logros, o cuando los participantes juzgaban los sentimientos de los demás.

Los dos últimos estudios se preguntaban si esta diferencia podía deberse a si las personas decidían compartirlo o se sentían obligadas a hacerlo. Los participantes leyeron sobre alguien que donó diez dólares y lo mantuvo en secreto, lo compartió voluntariamente o se vio obligado a compartirlo. Aunque las personas pensaban que los demás se sentirían mal si se les obligaba a compartirlo en lugar de elegir hacerlo, el hecho de poder elegir si revelaban su buena acción no explicaba los resultados anteriores. Incluso cuando la elección era la misma para todos, las personas seguían creyendo que los demás se sentirían mejor que ellos.

Entonces, ¿por qué hablar de buenas acciones resulta tan complicado? Los autores sugieren que dar a conocer actos de bondad invita a la duda. A diferencia de los logros, existe un consenso social en que las buenas acciones deben ser desinteresadas, y compartirlas despierta sospechas de que se hicieron para recibir elogios o mejorar el estatus social. Una vez que esa posibilidad entra en escena, la sensación de ayudar a los demás puede verse fácilmente empañada, especialmente en las redes sociales.

Así, pues, aunque compartir actos de bondad puede ayudar a difundir normas prosociales, hacerlo uno mismo puede conllevar un costo emocional que se puede anticipar.

Y tú, ¿compartes tus actos de bondad?

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