En México, por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer recibe apenas 86 y más de la mitad de las trabajadoras se desempeñan en empleos informales.
Frente a estas brechas persistentes, Natalia Andrea Campos, coordinadora de Sociedad en el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), comparte los avances, desafíos y oportunidades de las mujeres en la economía, la educación y la política, a partir del monitor Mujeres en Economía y estudios recientes sobre equidad de género.
—¿Cuáles son las principales brechas que todavía afectan a las mujeres?
—Hay varias. La brecha salarial sigue vigente: las mujeres ganan menos que los hombres en cargos equivalentes. Además, la carga del trabajo no remunerado es mucho mayor para nosotras: los hombres dedican 16 horas semanales frente a 40 horas de las mujeres, lo que limita la participación laboral y profesional. También hay informalidad: 55% de las mujeres trabaja en empleos que no ofrecen prestaciones ni seguridad laboral. En términos financieros, solo 34% tiene una cuenta de Afore, frente a 50% de hombres, lo que impacta en la preparación para el retiro, considerando que vivimos seis años más en promedio.
—¿Cómo afectó la pandemia la participación de las mujeres en la economía?
—Evidenció y profundizó desigualdades preexistentes. Muchas mujeres tuvieron que abandonar temporalmente sus empleos por responsabilidades de cuidado en el hogar o cierre de escuelas, afectando su estabilidad laboral y profesional. También aumentó la carga de trabajo no remunerado, reforzando brechas de tiempo y oportunidades.
Modelos flexibles
Por eso, agrega, “es crucial implementar modelos de trabajo más flexibles y licencias parentales compartidas, que permitan redistribuir responsabilidades y que la participación de las mujeres no se vea afectada por crisis externas”.
—¿Qué recomendaciones surgen de estos análisis para políticas públicas y empresas?
—Primero, es necesario impulsar licencias parentales compartidas para redistribuir el trabajo de cuidado y transitar hacia modelos de trabajo flexible. Esto permite que las mujeres no se queden en roles secundarios y puedan aspirar a puestos de mayor responsabilidad. Por ejemplo, solo 3% de las direcciones generales de las empresas listadas en bolsa están ocupadas por mujeres y solo 14% de los asientos en los consejos de administración. Necesitamos roles más flexibles, con base en resultados, no solo en tiempo dedicado, para equilibrar las oportunidades.
—¿Qué papel juega la educación en el empoderamiento económico de las mujeres?
—La educación es un factor clave. Hoy las mujeres representan 53% de la matrícula en educación superior, lo que marca un cambio histórico frente a generaciones anteriores con menor acceso.
Esto, dice Campos, “no solo fortalece su autonomía económica, sino que también amplía la representación en sectores estratégicos y en cargos de liderazgo. Sin embargo, el acceso educativo debe ir acompañado de políticas laborales y financieras que permitan traducir el capital educativo en oportunidades reales, cerrando las brechas en salario, informalidad y seguridad social”.
—Finalmente, ¿qué mensaje destacaría?
—Los avances existen y son importantes, pero los retos persisten. Es clave que la sociedad, las empresas y las instituciones sigan trabajando juntas para garantizar que las mujeres tengan las mismas oportunidades en todos los ámbitos y que el empoderamiento femenino se traduzca en igualdad de derechos y condiciones. La información y el monitoreo constante son herramientas poderosas para lograrlo.

