Apenas la semana pasada escribí en este mismo espacio del incidente del aeropuerto de El Paso. Decía que ese acontecimiento evidenciaba la fractura entre la versión mexicana del control de la seguridad en nuestro país y lo que dice en todas partes el gobierno norteamericano. Esta semana quiero ocuparme de un caso de interés humano, para decirlo con suavidad: el caso de los mineros desaparecidos en Concordia, Sinaloa, vuelve a fracturar el cuento triunfalista de las autoridades.
Sabemos que la delincuencia organizada desaparece gente sin mayores dificultades ni consecuencias penales. La noticia ya está en los portales de varios medios internacionales.
Es de suponer que el gobierno norteamericano exhibirá como ejemplo este caso para evidenciar nuevamente a México como una tierra sin ley, un narcoEstado o hasta un narcoEstado fallido. Seguramente incrementarán sus ya de por sí frecuentes alertas de viaje contra México. Y tendrán razón en hacerlo. La ingobernabilidad del país resiste cualquier mentira oficial sobre un supuesto éxito en la estrategia de seguridad.
Con todo, lo que interesa rescatar aquí es el impacto que seguirán teniendo este tipo de incidentes sobre la relación bilateral México-Estados Unidos.
No disponemos aún de un posicionamiento oficial del gobierno norteamericano en torno del tema, quizá porque hasta donde se sabe no hay estadunidenses desaparecidos.
Aun así, sabemos que se trata de una empresa minera canadiense y Canadá es miembro del TMEC, por lo que este asunto podría subirse como parte de las revisiones del tratado este año. A la inseguridad para la inversión que provocó la reforma judicial se suma la inseguridad para la integridad patrimonial de las empresas extranjeras y sus empleados mexicanos. ¿Supone usted que Donald Trump dejará pasar el tema cuando puede emplearlo como mecanismo de extorsión?
Realidad
Una vez más, esto sucede en Sinaloa, un estado que solía tener gran presencia de turistas estadunidenses, particularmente en el puerto de Mazatlán. Concordia, el pueblo de los desaparecidos, está muy cerca de Mazatlán. Fue también en Mazatlán donde otro turista desapareció recientemente en un bar al ir al baño. Es también ahí donde se encuentran los hoteles de las grandes cadenas internacionales. Imposible que este asunto pase inadvertido entre sus propietarios.
Hay además una inquietante coincidencia temporal: esta noticia de impacto en el sector minero “coincide” con la revocación de más mil concesiones mineras por parte de la Secretaría de Economía.
De nuevo, así como la noticia ya corrió como polvorín por los medios internacionales, ha faltado una respuesta específica del gobierno dirigida a esos espacios. Quizás una vocería más protagónica dirigida a la atención de la prensa internacional cada vez que reproduce este tipo de notas, así como un compromiso explícito del gobierno con los inversionistas internacionales en el sentido de que esta clase de incidentes no se repetirán en lo sucesivo.
La realidad es que dicho compromiso no existe, porque todos sabemos que no puede formalizarse en tanto que el propio gobierno sabe que estas cosas seguirán sucediendo.
Ese es el drama y por eso la administración Trump tiene al actual Poder Ejecutivo sujeto de las partes donde más duele.

