DOMINGO 22 DE FEBRERO DE 2026, TAPALPA, JALISCO

Ejército mexicano
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Fecha y lugar que ya se encuentran ubicados en un espacio preponderante en el calendario de la larga y cruenta dinámica criminal en la historia de México. A poco menos de una semana siguen conociéndose testimonios directos, pronósticos respecto de las consecuencias en general, así como los profundos cambios que implican para las políticas de seguridad pública e interior del gobierno mexicano y sus instituciones.

Lo anterior, además de las connotaciones con el gobierno de la Casa Blanca, a propósito del tráfico de drogas y la seguridad binacional.

El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes representa una de las principales operaciones contra el crimen organizado en lo que va del siglo XXI. De manera reciente, destacan también la captura y extradición de Ovidio Guzmán López, seguida de la sustracción de Ismael Zambada García y la entrega de Joaquín Guzmán López.

Sin dejar de lado, desde luego, la captura de Joaquín Guzmán Loera e incluso la captura por el Ejército Mexicano de Benjamín Félix Gallardo el 9 de marzo de 2002.

Esto nos da una certera idea de la complejidad y a la vez capacidades de las organizaciones criminales en su origen dedicadas a la producción y tráfico de drogas.

Son numerosas las aristas para analizar lo sucedido el pasado domingo 22. Tal y como lo sostuvo el general secretario Ricardo Trevilla Trejo, de lo que no hay duda es que el objetivo de capturar o abatir (como es el caso) a un peligroso delincuente, dada su acción de resistencia armada a la autoridad, significa que ninguna estructura criminal está por encima del Estado.

La caída en servicio a la Patria de valientes integrantes de la Guardia Nacional es un trágico y dramático recordatorio del tamaño y capacidades destructivas del crimen organizado. Un enorme costo que también nos recuerda que México cuenta con Fuerzas Armadas dispuestas a defender a la nación a cualquier costo, sea el que fuere. Fácil escribirlo, decirlo, pero muy difícil de aplicarlo y estar convencido de hacerlo.

Retos

Las capacidades de fuego y adiestramiento mostradas por los delincuentes aquel domingo exponen en muy buena medida hasta dónde pueden contar las autoridades de nuestro país, en cualquier momento y sexenio, con el compromiso de los gobiernos de Estados Unidos, porque para el crimen organizado la disposición de pertrechos, municiones y equipo táctico solo es posible con la anuencia de las autoridades estadunidenses, que utilizan como argumento la libertad que garantiza su Constitución en la Segunda Enmienda para cualquier ciudadano.

Si la Casa Blanca decidiera que ese derecho debe acotarse, registrarse, controlarse, esa sí que sería una auténtica muestra de compromiso de cooperación con la violencia que agobia a varias partes de la República Mexicana.

Siguiendo la inercia histórica de casos similares en nuestro país, para la estructura criminal de nueva generación los retos son la fragmentación (con su coto de violencia inherente) o la continuidad con algunas pequeñas escisiones. Desde luego que puede haber procesos intermedios, por ejemplo, el establecimiento de nuevas alianzas a nivel regional.

Sin embargo, al tratarse de empresas criminales familiares la “sucesión” se encuentra resuelta para el caso de la captura o muerte del cabecilla principal. Esto se puede confirmar fácilmente con otras organizaciones.

Mientras, para las autoridades el reto principal es sobre todo contener y, de ser posible, reducir la ola criminal organizada y común que azota varias partes del país. Desde luego que la neutralización de uno de los delincuentes más peligrosos es una noticia que habla de la determinación del gobierno de la República, pero el consumo de drogas, los delitos de alto impacto y cotidianos van a continuar.

Debemos encontrar-formular la ruta de salida. Tenemos suficientes elementos para hacerlo.

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