DUNAS DE AMNESIA

Dune Timothée Chalamet
Columnas
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Hace apenas unas semanas los jueces de las redes sociales dictaron la “cancelación” de Timothée Chalamet por sus declaraciones sobre la irrelevancia del ballet y la ópera. Esto no solo le valió las etiquetas de “ignorante” o “soberbio” sino también la derrota en los Premios Oscar.

El mundo entero se rasgó las vestiduras defendiendo las bellas artes e incluso estaba seguro de que la carrera de Chalamet estaba arruinada.

Dos días duraron los falsos valores que tanto defendían algunos para que el tráiler de Dune, del director Denis Villeneuve, y protagonizada por Chalamet, sepultara la indignación por la ópera y el ballet bajo las arenas de Arrakis.

Este fenómeno deja claro —una y mil veces más— que actualmente la cultura de la cancelación no tiene ningún propósito real.

Esta es la prueba viviente de lo que Zygmunt Bauman llamaba la “modernidad líquida”. En nuestra sociedad los valores no son sólidos: son maleables y, sobre todo, desechables.

Bauman sostenía que vivimos en un estado de cambio perpetuo donde nada mantiene su forma por mucho tiempo. La —falsa— moralidad de internet funciona bajo esta misma lógica. Somos feroces defendiendo una causa el lunes, pero para el miércoles esa causa ha sido desplazada por un nuevo producto de consumo. La escala de valores no importa porque la memoria es corta y el deseo de pertenecer a la conversación del momento es más fuerte que la ética.

Jueces virtuales

Seamos honestos: el silencio de Chalamet ante la polémica fue su mejor jugada. Al no ofrecer declaraciones ni disculpas no alimentó el fuego, permitiendo que la misma volatilidad de la audiencia hiciera el trabajo por él.

Entendió que en un mundo líquido el escándalo solo dura hasta que llega el siguiente tema de conversación, en este caso, una de las mejores sagas de la ciencia ficción.

Al final, la “cancelación” de Chalamet no fue más que un berrinche sin sentido alguno. Aquellos que callaron sus críticas para alabar el tráiler de Dune demuestran que la indignación es un accesorio pasajero. La mayoría de la gente dejó en claro que no le importa el ballet ni la ópera; les importa jugar a ser jueces virtuales y sentirse moralmente superiores, al menos hasta que la siguiente conversación llegue y a sus opiniones se las lleve el viento como a la arena en el desierto.

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