Circula en la prensa mexicana, como información sin pruebas documentales, que la destitución de Adán Augusto López como coordinador de Morena en el Senado respondió a presiones norteamericanas. A decir de varios periodistas, al gobierno estadunidense le molestan los presuntos vínculos delictivos del senador y, en ese supuesto, le habría solicitado al gobierno mexicano su caída.
Bien mirado, suena un poco raro, o cuando menos incompleto. La administración Trump, encabezada por un hombre que en su propio país ha sido imputado de diversas acusaciones penales, se sentiría incómoda con todos los escándalos relacionados por la cercanía del senador a diversas cuestiones del crimen organizado.
Hay en esta interpretación un eco de la desesperación de la oposición mexicana y los críticos del gobierno, quienes suponen que Estados Unidos ansía imponer el Estado de Derecho en México y restaurar la constitucionalidad democrático-liberal. No suena convincente en ningún punto de la historia de la relación bilateral, menos ahora con alguien como Donald Trump.
Habría que tener claro que los norteamericanos en esta nueva etapa de su política exterior están dispuestos a entenderse con todo tipo de hampones, desde invasores de países como Vladimir Putin hasta dictadores totalitarios como Xi Jinping. No termina de convencerme la idea de que los estadunidenses querían la caída de López por las acusaciones que se han vertido contra él en México.
Adicionalmente, suponer que los norteamericanos —si estuvieran molestos por las ligas delictivas del personaje— se contentarían con su mera destitución como coordinador de bancada es incurrir en ingenuidad. Gran castigo: el señor sigue teniendo fuero que impide procesarlo.
Forcejeos
Por ningún lado embonan estas tesis. Me pregunto si en todo caso lo que les molesta será que López ocupe una posición privilegiada en la cadena de mando de conducción de la política exterior mexicana: aunque se olvide con frecuencia, el Senado cumple funciones de supervisión de la política exterior y, por tanto, llega a compartir información sensible en torno de la relación bilateral.
No solo eso. Dada la ostensible cercanía del senador con López Obrador podría ser que a los norteamericanos les preocupe que información sensible de la relación bilateral llegue a ojos del tabasqueño fundador de Morena.
Y si la cuestión estuviera relacionada con narcotráfico supondría que más bien se refiere al establecimiento del delito de “narcoterrorismo” como prioridad estadunidense. No tengo idea sobre si hay algo de esto, pero me parece que a veces les atribuimos a los norteamericanos un poder providencial o una ingenuidad y un desinterés gigantescos. ¿A poco en verdad la presidenta ya complació a los norteamericanos por haber quitado de la conducción de la bancada a Adán Augusto?
Yo no dispongo de una hipótesis plenamente formada sobre la destitución de López, pero me inclino a pensar que responde a forcejeos internos en Morena antes que al ánimo de mejorar la relación con Trump.
Por eso es que vale la pena trabajar sobre información confirmada y no exclusivamente con especulaciones. Lección de periodismo elemental. Y el análisis de la relación bilateral demanda también una observación más pormenorizada.

