Yelitza Ruiz es poeta, abogada e investigadora. Su obra se ha convertido en un espacio para repensar la historia de las mujeres, los cuidados y los imaginarios que han sido relegados.
En entrevista, habla sobre Variación de la escama (FCE), su más reciente libro, así como de la escritura desde su experiencia femenina y de las condiciones en las que las mujeres crean literatura.
—Variación de la escama parte de la figura de la sirena. ¿Por qué volver a este arquetipo?
—La sirena ha sido usada históricamente para simbolizar mujeres que no encajan en lo que la sociedad espera. En la tradición occidental suele aparecer como peligrosa, seductora o castigada. Al explorar las leyendas mexicanas encontré algo distinto: figuras protectoras, vinculadas al cuidado y al conocimiento comunitario. Quise escribir desde esa otra feminidad posible y rescatar estas historias que no se habían contado.
—¿Cómo conecta este libro con su trabajo sobre la historia de las mujeres?
—Todas mis obras parten de la misma pregunta: ¿qué historias no se han narrado? Tanto en historia como en literatura, muchas mujeres fueron borradas o reducidas a estereotipos. La poesía me permitió acercarme a esas ausencias desde el cuerpo, la memoria y lo simbólico, explorando la idea de que las mujeres también son archivo vivo de la historia.
—Eligió así la poesía para abordar estos temas. ¿Qué le ofrece este género?
—La poesía es un espacio de libertad. Me permitió cruzar el imaginario de la sirena con la ciencia, la fosilización y la idea de permanencia. Los cuerpos conservan memoria y las mujeres somos archivo vivo; solo desde la poesía podía explorar esa relación entre historia y biología, símbolo y experiencia.
—Su experiencia como mujer, ¿atraviesa su escritura?
—Completamente. El tiempo, las responsabilidades, el trabajo y el cuidado influyen en la manera en que escribo. Muchos poemas surgen mientras realizo tareas cotidianas; y eso es también una experiencia política: demuestra que la creación literaria puede coexistir con la vida doméstica y profesional.
—En su obra habla del cuidado como un eje central. ¿Por qué es importante visibilizarlo?
—Porque el cuidado sostiene la vida y casi siempre recae en las mujeres. La pregunta no es solo quién cuida sino quién cuida a quienes cuidan. Muchas escritoras escriben a deshoras porque no hay condiciones reales para crear: brecha salarial, falta de guarderías, ausencia de sistemas de cuidado. Sin eso la cultura también se precariza.
—¿Cree que las mujeres pueden conciliar distintas vocaciones?
—Sí. Durante mucho tiempo se nos dijo que no podíamos. Pero las mujeres podemos habitar múltiples espacios a la vez, ser cuidadoras, creadoras y profesionales, y eso también es una forma de resistencia. La escritura se cruza con la vida cotidiana y con la experiencia política de ser mujer.
—Por último, ¿en qué proyectos trabaja actualmente?
—Estoy terminando un libro de poesía y escribiendo una novela. Seguir escribiendo también es una forma de resistir y de imaginar otros futuros posibles para nosotras.

