EL FACTOR VENEZUELA

“Regresamos al mundo de las potencias que se reparten esferas de influencia”.

Putin

En un par de días ha corrido más tinta sobre Venezuela en los medios de todo el mundo, que a lo largo de la historia entera de aquel país. Ni sumando las obras completas de Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri se acumulan tantos textos sobre el país con más reservas petroleras en el planeta.

En los siguientes párrafos pretendo abordar algunos aspectos y actores que, a mi juicio, no han sido suficientemente analizados en la coyuntura del operativo militar estadunidense para secuestrar a Nicolás Maduro y mandar un mensaje contundente de preeminencia norteamericana en el hemisferio.

Los fundamentos de la actuación estadunidense

Hay gente que se sorprende de algunos acontecimientos, aunque lleven mucho tiempo gestándose y anunciándose. El operativo norteamericano es una consecuencia lógica y muy esperable de la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump, pero también de la movilización de recursos marítimos norteamericanos contra el régimen venezolano.

Todo el mundo habla de la doctrina Monroe (América para los americanos y demás), pero poco se menciona el corolario Roosevelt de aquella doctrina.

No hay espacio para abordarlo a detalle, pero el corolario quedó establecido por el presidente Theodore Teddy Roosevelt (Republicano) a resultas de la crisis venezolana de 1902-1903, cuando potencias europeas quisieron imponer un bloqueo a Venezuela para exigir el pago de ciertos adeudos. En síntesis, el corolario señalaba que EU estaba facultado para intervenir en los asuntos internos de las naciones latinoamericanas siempre que estas cometiesen faltas flagrantes o crónicas.

Teóricamente, el corolario Roosevelt y la doctrina Monroe se desecharon con la llegada al poder del presidente Franklin Delano Roosevelt (del Partido Demócrata), quien impulsó la política del “buen vecino” para mejorar las relaciones de EU con el resto del continente.

No obstante, el precedente del corolario Roosevelt quedó asentado y parece que la administración Trump está dispuesta a revivirlo a conveniencia, especialmente si se considera la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EU publicada por la Casa Blanca el 4 de diciembre pasado.

Ahí el gobierno norteamericano postula que ampliará su presencia militar en la región para frenar la inmigración ilegal, el narcotráfico y mejorar la relación con sus aliados. Va una cita textual del documento de marras: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadunidense en el hemisferio occidental”.

Así, en vista de la creciente presencia china en la región a lo largo de lo que va del siglo, EU ahora reafirma su papel como la potencia indiscutiblemente dominante en la zona. Al buen entendedor, etcétera. Maduro prefirió burlarse, bailar y cantar frente a las amenazas estadunidenses que ya están delineadas en documentos con valor oficiales.

Si el orden liberal internacional con base en normas estaba agonizando, la incursión militar estadunidense en Venezuela le da el tiro de gracia. EU ya no buscará la aprobación de sus aliados ni mucho menos de los organismos internacionales para sus operativos militares; es decir, el multilateralismo se vuelve letra muerta. Más aún, el Ejecutivo estadunidense ni siquiera buscará la aprobación interna del Poder Legislativo, pues las cámaras del Congreso norteamericano y sus respectivas comisiones ni siquiera fueron notificadas de la operación contra Maduro. La autocratización estadunidense avanza lenta, pero inexorablemente. América Latina queda, pues, a merced de las decisiones de los presidentes norteamericanos.

La humillación iberoamericana

Los gobiernos de España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay publicaron un comunicado conjunto condenando la intervención militar unilateral norteamericana, llamando a respetar el derecho internacional y a privilegiar la solución pacífica de controversias, entre otras cosas.

Estos comunicados suelen ser irrelevantes, pues quien los publica hace evidente que no tiene otro recurso de defensa que las palabras y la defensa de un orden jurídico internacional hoy inoperante. Esa es la triste realidad: ni Trump ni su equipo prestarán la menor atención al pronunciamiento emitido por estos países, debido a las razones expuestas en el apartado anterior. Ya no digamos a los ridículos comunicados de las universidades locales condenando lo sucedido.

Con todo, los precedentes importan y mucho. Es verdad que por su peso político, y sobre todo militar, estos países no serán tomados en cuenta por EU al momento de actuar en la región, pero puede ser peligroso olvidar algo. En los últimos años Brasil, miembro del mediático grupo de los BRICS, se ha negado a condenar categóricamente la invasión rusa de Ucrania. El presidente Lula, uno de los héroes de la izquierda regional, ha visitado al presidente Vladimir Putin y acudió a desfiles militares de las fuerzas armadas rusas. En defensa de esa abstracción denominada “el sur global”, Lula y Brasil no se han alineado a plenitud con las democracias occidentales.

El desdén norteamericano por los países de la región probablemente acentuará esa tendencia. Brasil, el país más grande del Cono Sur, intensificará sus relaciones con Rusia y seguramente con China, con la intención de construir un contrapeso al unilateralismo norteamericano. Xi Jinping y Putin se frotan las manos.

Rusia: ¿un pacto no tan encubierto?

Algunos analistas internacionales, como David Frum y Anne Applebaum, no descartan la posibilidad de que Trump esté mandando un mensaje, o de plano haya pactado abiertamente con Putin. Yo afianzo mi hegemonía en el continente americano y te exijo abandonar al régimen venezolano, un títere tuyo, a cambio de que Rusia haga lo que quiera en Ucrania. Además, ofrezco sabotear los esfuerzos europeos de contención rusa en Ucrania.

Ciertamente no hay evidencias contundentes para esta hipótesis, pero sorprende la reacción tan tibia de Rusia y, nuevamente, de China, ante el derrocamiento de uno de sus aliados y proveedores de petróleo, respectivamente. La duda es si este pacto incluiría a China y la posibilidad de que esta intervenga libremente en Taiwán, pues ahí las potencias se juegan el control de los recursos minerales indispensables para la fabricación de los microcomponentes, el dispositivo electrónico esencial para ganar la carrera tecnológica y militar.

El hecho es que, en años anteriores, EU no se había atrevido a intervenir directamente en Venezuela por temor a las represalias de sus oponentes rusos y chinos, pero ahora no hay visos de que estos pretendan actuar en defensa de uno de sus vasallos. También es verdad que Rusia y China abandonaron de la misma manera a Irán hace unos meses, así que no necesariamente se trata de un pacto con EU. No obstante, la posibilidad de que Trump haya buscado un arreglo con ellos en detrimento de sus aliados europeos no deja de ser inquietante.

Europa: los que creen que todavía importan

Desde que se produjo el Brexit la fragilidad de la Unión Europea se hizo evidente como nunca antes. Y la invasión ucraniana de 2022 no hizo sino confirmar lo que todos los observadores atentos conocían; a saber: fuera de la imaginación de los mandatarios franceses, no existe tal cosa como una política de defensa común europea ni la llamada autonomía estratégica europea. Vamos, ni siquiera una política exterior consensuada. Como ha dicho el consultor internacional Ian Bremmer, en calidad de actores individuales los países europeos son cada vez más irrelevantes, de manera que mientras no hagan sino emitir comunicados y pronunciamientos su peso político será mínimo, cuando no nulo. Parece que su único instrumento de incidencia es el mismo que el de los países latinoamericanos (las declaraciones), así que las consecuencias de sus palabras serán las mismas que para los países de nuestra región.

Desde la nacionalización del Canal de Suez en 1956, cuando la URSS y EU obligaron a las potencias de Europa Occidental a retirarse, las democracias europeas renunciaron a defenderse por sí mismas. Dependientes integralmente del paraguas militar norteamericano, los países europeos no son un actor global real y esto se advierte con claridad en su papel frente a la crisis venezolana. Digo mal, su no papel e inexistencia en la gestión de la crisis venezolana.

A nadie se le ocurre ni le interesa convocar la mediación de ningún país de la eurozona o del conjunto de la Unión Europea en la presente coyuntura. EU no los consultó, es más, ni siquiera les avisó. Ya lo dijimos arriba, hay la sospecha de un pacto entre Trump y Putin para dejar Europa a merced de Rusia. ¿Estará Trump arrojando involuntariamente a los europeos a los brazos de China como antes hizo con India?

China: el país que de verdad importa

No sabemos con certeza cómo interpretan los chinos la cadena de acontecimientos en Venezuela, pero es fácil imaginarlo. Lo primero es que EU está renunciando indirectamente a la posibilidad de condenar invasiones unilaterales de un país contra otro. ¿Con qué autoridad condenará EU acciones similares de otros países después de lo que ellos hicieron en Venezuela?

Ya no tiene sentido hablar del derecho internacional, pero sí de la consistencia discursiva. Después de argumentar descaradamente que una de las razones del operativo militar estadunidense fue la recuperación de activos de empresas petroleras norteamericanas y de la gestión del petróleo mismo, no suena muy convincente oponerse a que China tome por la fuerza a Taiwán para hacerse del control de los minerales estratégicos en la fabricación de microcomponentes. O de las islas Senkaku, que China se disputa tenazmente con Japón. Si EU reivindica su derecho a explotar a discreción los recursos de la región latinoamericana ¿qué le impide a China hacerlo en toda Asia? Nada. Expulsada de América Latina, ¿aprovechará China para construir alianzas y pactos nuevos con los decadentes países europeos?

Xi

Regresamos al mundo de las potencias que se reparten esferas de influencia, o sea, el realismo clásico de las relaciones internacionales, para el cual México claramente no está preparado.

Si Dinamarca tembló pensando en Groenlandia cuando Marco Rubio declaró que el operativo en Venezuela demuestra que hay que tomar en serio todo lo que declara Trump, México haría bien en hacer lo propio.

No una, sino varias veces, el actual gobierno norteamericano ha expresado en distintos canales oficiales que a México lo gobiernan los cárteles del narcotráfico. Y agregan los norteamericanos que será necesario hacer algo al respecto. Si esto no activa las alertas de las instancias encargadas de pensar en la seguridad nacional de nuestro país, nada lo hará. Esta crisis no puede gestionarse con el trabajo de bots y las voces de los innumerables propagandistas del gobierno en los medios. La popularidad no resuelve crisis de escala mundial. Haríamos bien en recordar la vieja anécdota de Ted Sorensen, el asesor y redactor de discursos del presidente Kennedy. Cuando Kennedy logró desactivar la crisis de los misiles en Cuba, Sorensen se le acercó y le sugirió: “Presidente, con la popularidad y prestigio que esto le traerá, debería ofrecerse como mediador para la crisis fronteriza entre India y China”. La respuesta de Kennedy, acompañada de una sonora carcajada, fue: “Por supuesto que no. El prestigio y la popularidad se esfuman en unas cuantas semanas. No te preocupes, los habremos perdido en cuanto aparezca la próxima crisis de estas dimensiones”.

El orden mundial ya es otro, pero México sigue valiéndose de recursos caducos. Es momento de convocar a las mejores mentes del país, sin distinciones partidistas, para pensar qué hará nuestra República en un mundo cada día más incierto. La alternativa es quedarse a la espera de que nos sorprendan con otro operativo como el que se llevó al Mayo Zambada o a Nicolás Maduro.

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