El pasado 7 de este mes se realizó un importante encuentro en Miami, Florida, convocado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El tema principal fue catalogar a las estructuras criminales, sobre todo las dedicadas al narcotráfico, como el principal antagonismo a la seguridad regional y del continente americano.
A la convocatoria de la Casa Blanca asistieron los presidentes o jefes de Gobierno de Paraguay, República Dominicana, El Salvador, Costa Rica, Honduras, Guyana, Trinidad y Tobago, Chile, Argentina, Ecuador y Perú. Un total de doce países, incluyendo, por supuesto, al anfitrión.
Con la asistencia del jefe del Departamento de Guerra de EU, también se abordaron las posibilidades de acciones conjuntas entre las Fuerzas Armadas para hacer frente a la violencia que genera el crimen organizado en esos países.
Cabe recordar que desde el 20 de febrero de 2025, a instancias del Departamento de Estado, seis estructuras delictivas mexicanas fueron formalmente calificadas por EU como Organizaciones Terroristas Extranjeras, con lo que su persecución y combate, conforme a las leyes estadunidenses, pueden ser objetivos extraterritoriales.
En la reciente publicación de su libro Geopolítica (2026) —que a su vez forma parte de una trilogía, junto con Estrategia e Inteligencia—, Martín Virgilio Bravo Peralta nos recuerda que la vocación de las macroregiones geopolíticas obedece de forma preponderante a las proyecciones de potencias hegemónicas, en este caso Estados Unidos. En efecto, a partir de la reconsideración de la relevancia que tiene el Continente para las Estrategias de Seguridad Nacional (diciembre de 2025) y de Defensa (enero 2026) de ese país es que el gobierno de Trump da los pasos necesarios en ese sentido.
Poco margen
En un principio, por la ubicación de cada uno de los países invitados, podía suponerse que el criterio de invitación era a partir de la responsabilidad administrativa y militar del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM). Sin embargo, al no ser considerados Colombia y Brasil, la interpretación se modificó para darle preponderancia a las afinidades políticas e ideológicas de los asistentes a Miami.
En esos términos, si bien existen protocolos de colaboración y cooperación entre México y Estados Unidos en materias como seguridad binacional, defensa y combate al narcotráfico, sí se generaron diversos comentarios al no haber sido convocado el gobierno de nuestro país.
Aunque la misma Presidencia aclaró que ya existen una serie de acuerdos en las referidas materias, lo que sí fue evidente fue la continuidad en el discurso beligerante de Trump contra el antagonismo y peligro para la seguridad nacional de su país y la región que dice representan los narcoterroristas (textual).
No obstante, más complejos aparecen el escenario de la guerra en el estrecho de Ormuz, los bombardeos en los territorios de Israel e Irán, las reales posibilidades de una extensión geográfica de dicho conflicto, así como una severa desestabilización de los mercados de hidrocarburos y de la economía mundial en general.
Así, con el proceso de estabilización en curso en Venezuela; las crecientes presiones sobre Cuba; y ahora con la creación del Escudo de las Américas, junto con lo referido del conflicto en Medio Oriente, es probable que tan amplios y distantes escenarios propicien una respuesta diplomática y militar dispareja por parte de Estados Unidos, lo que a su vez puede ser aprovechado por su adversario global: China.
Desde la Casa Blanca el aislacionismo y los planteamientos impositivos dan poco margen para posturas conciliadoras.

