“LA DANZA MUEVE CUERPOS, CELEBRA LA ACEPTACIÓN Y DERRIBA ESTEREOTIPOS”

Belem Glower
Columnas
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Para muchas mujeres la danza del vientre se ha convertido en una vía para reconectar con su feminidad, fortalecer la confianza y transformar la relación con su cuerpo.

Belem Glower, bailarina, periodista cultural y gestora con más de una década de experiencia, comparte en entrevista cómo esta disciplina ha impulsado a generaciones de mujeres y explica por qué el Festival Un Pedacito de Mundo es también un espacio de exploración emocional y crecimiento personal.

—¿Cómo se integra el festival en este proceso de empoderamiento?

—El festival es un punto de encuentro donde las mujeres pueden acercarse a la danza, la música y la cultura de Oriente Medio en un entorno seguro y formativo. Más que un espectáculo, funciona como un laboratorio de aprendizaje y profesionalización. Reúne bailarinas y la cultura de distintos países, fomenta el intercambio de saberes y fortalece la creatividad y la seguridad escénica de cada participante. Todo esto ofrecerá el festival del 27 de febrero al 1 de marzo en el Teatro María Tereza Montoya; y del 3 al 5 de marzo en el Centro Nacional de las Artes (CENART).

—¿Por qué la danza del vientre puede empoderar a las mujeres?

—Porque propicia una conexión profunda con el cuerpo y resignifica cualidades como la suavidad y la delicadeza, tradicionalmente subestimadas. Aquí se convierten en fortaleza. No hay límites de edad ni de complexión: cada mujer puede descubrir en el movimiento una forma de expresión, bienestar y autoconfianza.

—¿Qué cambios ha visto en sus alumnas a lo largo de los años?

—Muchas llegan con inseguridad y temor a exponerse. Con la práctica, ganan presencia, se atreven a subir a un escenario y exploran estilos que antes parecían inalcanzables. La transformación es integral: fortalecen su postura y su centro corporal, pero también su autoestima y sentido de identidad. La danza se convierte en un espacio de aceptación y celebración personal.

Impacto

—Más allá de lo físico, ¿qué aporta esta práctica a nivel emocional?

—Es una herramienta de sanación y autoconocimiento. Permite reconocer emociones y canalizarlas a través del movimiento. Además, genera comunidad: se crean redes de apoyo donde prevalecen la colaboración y la sororidad. La fuerza femenina se asume como activa, consciente y transformadora.

—¿Cree que el arte puede cambiar percepciones de género?

—Sin duda. La danza y la música cuestionan estereotipos y revalorizan lo femenino. La danza del vientre es una afirmación del propio cuerpo y de la libertad para habitarlo. Ese gesto impacta también en otros ámbitos de la vida, desde lo profesional hasta lo personal. Es una forma cotidiana de resistencia cultural.

—¿Qué se necesita para empezar a practicarla?

—Disposición para conocerse y explorar. No existen requisitos físicos: basta con abrirse al movimiento y aceptar el propio cuerpo. Desde ahí, la danza se convierte en una herramienta de crecimiento y confianza.

—¿Qué mensaje daría a otras mujeres que buscan espacios de desarrollo personal?

—Que se atrevan a intentarlo, a experimentar y a equivocarse. Que busquen comunidades donde puedan expresarse sin juicio. La danza del vientre, como todo arte, abre caminos hacia el autoconocimiento. Cuando el cuerpo se mueve con conciencia, se vuelve una fuente de poder y libertad.

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