Ante la explicable vorágine de análisis, reportajes, ensayos, videos, testimonios, declaraciones y noticias generadas por la incursión militar de Estados Unidos en Caracas para detener y llevarse al entonces presidente Nicolás Maduro y su esposa a una corte federal del estado de Nueva York es aconsejable hacer un breve y documentado repaso de los antecedentes, tanto en Venezuela como en varios países latinoamericanos.
En principio debo señalar que es, por decir lo menos, muy polémico y cuestionable el procedimiento utilizado por la Casa Blanca para llevar ante la justicia de ese país al exmandatario venezolano.
Desde fines del siglo pasado, en varios países latinoamericanos comenzaron a gestarse una serie de movimientos que tenían como denominador común posturas abiertamente críticas, lo que entonces se conocía como neoliberalismo.
Ante evidentes incrementos de la pobreza, la concentración de la riqueza y la voracidad de empresas privadas sobre los recursos naturales de los países de la región dichos movimientos encontraron campo fértil para ir ampliando su influencia y capacidad de decisiones en sus respectivas democracias.
Venezuela, Brasil, Nicaragua, Argentina, Paraguay, Ecuador, Bolivia, principalmente, aunque luego se sumarían Honduras y Cuba, crearon un foro y polo ideológico y económico que daría buenos resultados en cuanto a la política y programas sociales.
Sin embargo, de manera gradual y consistente se fueron anidando aspiraciones continuistas, que para poder conservar el poder debieron vulnerar —y en algunas ocasiones de plano eliminar— leyes y reglas fundamentales de la democracia liberal, con las que justo habían alcanzado sus respectivas presidencias.
Repaso
Comencemos, por supuesto, con Venezuela. En 1999 Hugo Chávez, luego de un intento de golpe de Estado, ganó la presidencia y permaneció en ella, no sin graves sobresaltos, hasta su fallecimiento en 2013. Nicolás Maduro lo sucedió en el cargo hasta los primeros días de 2026. En la última elección, el depuesto expresidente “ganó” mediante un monumental fraude electoral.
Evo Morales fue presidente de Bolivia de enero de 2006 a noviembre de 2019, tres periodos consecutivos. Durante el último intentó dos veces cambiar la Constitución para permitir la reelección y en ambos casos fracasó. Hoy vive exiliado, acusado formalmente del delito de trata de personas.
Rafael Correa gobernó Ecuador, también con tres mandatos al hilo, de 2007 a 2017. Refugiado en Bélgica, enfrenta un proceso penal en su país por cohecho y está sentenciado a ocho años de prisión.
Mención especial merece el dictador Daniel Ortega. Ha estado en el ejercicio del poder, en total ¡29 años! De 1979 a 1985, encabezando la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional; presidente de 1985 a 1990 y de 2007 a 2025, acompañado por su esposa como vicepresidenta.
Además, como ya se apuntó, de las causas que motivaron a sus respectivos electorados para llevarlos a la presidencia de sus países —entre ellas y de forma destacada la corrupción—, comparten finales parecidos en cuanto al asalto a la democracia liberal, a las libertades ciudadanas y a la libre empresa. También comparten en la conclusión abrupta de sus mandatos —hasta ahora excepto Nicaragua— graves problemas de abuso de poder, estructuras políticas caracterizadas por la corrupción y desvío de recursos. Utilizando las instituciones y procedimientos democráticos, se hicieron del poder para pasado poco tiempo pretender mantenerse por un largo periodo.
La prueba fehaciente es que no solo en los países mencionados, sino además en casos como los de Chile, Honduras, Ecuador, y antes, Argentina, Uruguay, Paraguay e incluso Perú, que hoy son gobernados bajo muy distintos preceptos ideológicos.
La cuestión es qué tanto ese cambio electoral se encuentra fundamentado en los malos resultados de administraciones precedentes.

