Nuestro reconocido doctor en mediación, Víctor Rodolfo Rodríguez, ha señalado en sus enseñanzas que la pausa, lejos de ser ocio, es una herramienta fundamental para la mediación.
En momentos de agotamiento y cansancio, detenerse de manera estructurada permite abrir un espacio de reflexión y diálogo.
Mediar es, en esencia, tomar una pausa consciente que facilita la entrada de un tercero imparcial para ayudar a las partes en conflicto a encontrar soluciones inteligentes y sostenibles.
La mediación y la conciliación, aunque distintas, comparten un mismo espíritu: abrir una pausa que permita escuchar, replantear y construir acuerdos.
En diversos conflictos internacionales Estados Unidos ha recurrido tanto a mediadores como a conciliadores externos, consciente de que en su sistema de justicia —donde el acceso suele implicar altos costos— estas figuras están ampliamente difundidas y legitimadas.
Un ejemplo ilustrativo es el proceso de negociación entre israelíes y palestinos, donde actores ajenos a las disputas iniciales lograron acercar posiciones y alcanzar un acuerdo. La enseñanza es clara: la pausa, aplicada con método y profesionalismo, abre la puerta a nuevas alternativas de solución.
Camino
Hoy México y Estados Unidos enfrentan tensiones profundas, especialmente en materia de narcotráfico y seguridad fronteriza.
Tal vez lo que necesitamos es justamente una pausa: detener la confrontación, abrir un espacio de mediación y permitir que nuevas voces y nuevos negociadores planteen soluciones distintas. Si fue posible en Oriente Medio, también puede serlo en América del Norte.
En este contexto, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), bajo el liderazgo de figuras como Juan Ramón de la Fuente, puede desempeñar un papel estratégico al impulsar esquemas de mediación y conciliación que transparenten los acuerdos y fortalezcan la confianza entre ambos países.
Cabe destacar que la Ley General de MASC prevé una certificación nacional para las personas facilitadoras o mediadoras, debidamente capacitadas y avaladas por los tribunales superiores de justicia estatales. Este marco normativo otorga certeza jurídica y profesionalismo a los procesos de mediación, garantizando que quienes intervienen cuenten con la preparación y legitimidad necesarias para conducirlos con imparcialidad y legalidad.
Conviene recordar la frase del primer ministro canadiense Mark Carney: “Si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.
México y Estados Unidos deben sentarse a la mesa, pero no para repetir viejas fórmulas sino para abrir nuevas soluciones a través de la mediación. La pausa, aplicada con profesionalismo, puede ser el inicio de un camino hacia acuerdos transparentes, legítimos y duraderos.

