EL LATIDO DE LA MÁQUINA: LA REVOLUCIÓN HIDRÁULICA QUE NACIÓ DE UNA CAÍDA

“Una innovación que promete jubilar a la cadena luego de siglos de reinado”.

Cadena
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Todo cambio de paradigma comienza con un instante de vulnerabilidad. Para Raymundo Iván Sánchez Peregrina ese momento ocurrió en el descenso de una montaña. El viento golpeaba el rostro, la velocidad era una promesa de libertad, hasta que el crujido metálico lo cambió todo: la cadena de su bicicleta se zafó.

En ese vacío de control, donde el ciclista se vuelve pasajero del azar, germinó una pregunta que hoy, años después, se materializa en tres patentes ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y una innovación que promete jubilar a la cadena luego de siglos de reinado.

Desde los laboratorios del Centro de Investigación en Computación (CIC) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), un equipo de mentes brillantes —liderado por Raymundo y cobijado por la experiencia de la doctora Elsa Rubio Espino y el doctor Juan Humberto Sossa Azuela— rediseña la anatomía del movimiento. Su propuesta no es una simple mejora, es una metamorfosis: sustituir el sistema de tracción mecánica por un corazón hidráulico.

El dispositivo central, ubicado donde tradicionalmente residiría el engrane principal, posee una forma cardioide. No es una elección caprichosa ni puramente estética: es la geometría del flujo. Este mecanismo hermético funciona como una fuente de energía donde el aceite a presión sustituye la tensión de los eslabones.

A diferencia del sistema de cadena, propenso al desgaste, la suciedad y los saltos bruscos, el motor hidráulico del IPN ofrece una “suavidad de seda” al pedalear. La doctora Rubio Espino describe esta innovación como un sistema de desplazamiento positivo con arrastre magnético. Aquí, la física se vuelve elegante: se utilizan polos magnéticos para iniciar el primer impulso, eliminando el contacto mecánico directo y, con ello, gran parte de la fricción que devora la energía.

Álabes móviles

El ingenio no se detiene en la propulsión. El sistema cuenta con un dispensador múltiple de fluidos servoasistido. Imagine un sistema circulatorio que, a través de cuatro mangueras de salida, suministra aceite de manera inteligente. A medida que el ciclista exige más velocidad, el flujo aumenta, alimentando lo que el equipo denomina “motor hidráulico de desplazamiento positivo de álabes móviles”.

Sánchez

Estos álabes funcionan como pequeñas aspas que se abren y cierran rítmicamente dentro de una carcasa, respondiendo a la presión del aceite. Es una danza de fluidos: a mayor fuerza en el pedaleo, mayor desplazamiento de aceite y, por ende, mayor velocidad. Pero hay un elemento que lo vuelve revolucionario para la seguridad pública: la capacidad de mantener una velocidad constante y un frenado mucho más predecible. Esto convierte a la bicicleta en un vehículo idóneo para niños y adultos mayores, sectores tradicionalmente vulnerables a los tirones y fallos de los mecanismos convencionales.

Aunque el proyecto nació de una caída en bicicleta, su alcance es sísmico. La hermeticidad del diseño —su capacidad de aislar el fluido del mundo exterior— lo convierte en una joya para industrias que no perdonan la contaminación. La versatilidad es asombrosa: desde la industria farmacéutica y biomédica, donde la pureza es ley, hasta la textil, alimenticia y agraria.

“Es un diseño tan versátil, que es capaz de dispensar agua, aceite u otros líquidos con granularidades sin contaminarse”, explica la doctora Rubio.

Estamos ante una pieza de ingeniería que puede bombear nutrientes en un campo de cultivo o mover piezas de precisión en una fábrica textil con la misma eficiencia con la que recorre una avenida.

El futuro en un kit

La ciencia que no llega a la calle corre el riesgo de volverse archivo. Conscientes de esto, los investigadores del IPN ya visualizan el siguiente paso: la comercialización de un kit de conversión. La meta es que cualquier bicicleta tradicional pueda desprenderse de su cadena aceitosa y ruidosa para adoptar este sistema silencioso, seguro y eficiente.

El 22 de julio de 2025 quedó marcado como el día en que la tercera y última pieza del rompecabezas legal fue patentada. Hoy lo que comenzó como un accidente en una montaña mexicana se perfila como un estándar global de movilidad y mecánica. Es el triunfo del ingenio sobre el eslabón; la prueba de que, a veces, para avanzar con fuerza, primero hay que aprender a fluir.

¿Quién inventó la bicicleta?

El inventor de la bicicleta moderna es Karl Freiherr von Drais, un barón alemán que en 1817 creó la “draisiana” o “máquina andante”, un vehículo de dos ruedas de madera sin pedales, impulsado con los pies, precursor de la bicicleta actual. Aunque hubo mejoras posteriores con pedales (como las de Kirkpatrick Macmillan o Pierre Michaux), Drais es reconocido por la invención del primer vehículo de dos ruedas que sentó las bases.

Evolución clave

1817 Karl von Drais (alemán) inventa la Laufmaschine, máquina andante).

1839 Kirkpatrick Macmillan (escocés) añade pedales y ruedas, aunque sin cadena.

1860 Pierre Michaux (francés) perfecciona los pedales en la rueda delantera.

1885 John Kemp Starley (inglés) crea la bicicleta de seguridad, similar a la moderna, con cadena y ruedas de igual tamaño, y se introducen las cámaras de aire.

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