Con su debut literario Elegir la vida, Karen Guindi ofrece un testimonio íntimo sobre el dolor y la reconstrucción personal.
A través de una narrativa honesta y cautivadora la autora reflexiona sobre la presión social que exige a las mujeres “sostenerlo todo” y la importancia de sanar el linaje femenino.
En entrevista, Guindi comparte con Vértigo cómo el amor propio y la salud emocional se convierten en herramientas clave para conquistar la libertad interior.
—¿Cómo nace Elegir la vida?
—El propósito de mi libro es expandir amor. Es una necesidad interna de compartir lo que soy y lo que viví desde mi experiencia (un tumor cerebral). Nadie puede hablar más que desde lo vivido, y yo quise narrar mi historia desde mis ojos, desde mis heridas y desde cómo aprendí a transformarlas en algo amoroso que pudiera tocar otros corazones.
—El libro tiene una narrativa muy sencilla y cercana. ¿Por qué decidió escribirlo así?
—Porque creo que el verdadero amor y la conciencia son simples. Lo complicado viene de la mente y del ego. Yo quería escribir algo profundo, pero sencillo, que pudiera leerlo cualquier persona y sentirse identificada. A veces pensamos que para sanar necesitamos discursos complejos, pero en realidad las respuestas más importantes son muy simples.
—En el libro habla mucho del apoyo emocional. ¿Por qué fue tan importante para usted?
—Porque el amor que vemos afuera también está dentro de nosotros. Yo me sentí muy cobijada desde niña y entendí que uno también atrae esas redes desde cómo decide verse a sí mismo. Todo empieza adentro. No es suerte ni destino: es cómo eliges mirar lo que te sucede.
Conciencia
—También habla de detenerse. ¿Por qué cree que eso es tan importante, sobre todo para las mujeres?
—Porque vivimos corriendo todo el tiempo. Muchas mujeres trabajan, cuidan hijos, sostienen casas y además cargan emocionalmente con todos. Yo aprendí que no se necesita sufrir para aprender. A veces basta con detenerse unos segundos y preguntarse: “¿Qué está pasando en mi mente?” Esa conciencia cambia todo.
—¿Cree que las mujeres han sido educadas para resistir más que para escucharse?
—Totalmente. Venimos de generaciones donde muchas no tuvieron elección. Mi abuela se casó a los 13 años. Cuando empecé a escribir entendí que había un hilo que unía a todas las mujeres de mi familia. Honrar esa historia también me ayudó a entenderme y dejar de verme como víctima.
—En el libro menciona que entró a una operación siendo una persona y salió siendo otra. ¿Qué cambió en usted?
—Aprendí a silenciarme y a escucharme. Yo vivía acelerada, siempre hacia adelante, hasta que la vida me obligó a detenerme. Ahí descubrí que la verdadera libertad no está afuera sino dentro de uno mismo.
—¿Cuál es el mensaje principal que quiere dejarle a las lectoras?
—Que nunca olviden que tienen la libertad de elegir cómo mirar su vida. No podemos controlar todo lo que pasa afuera, pero sí podemos decidir desde dónde vivirlo. Para mí, sanar fue un acto profundo de amor propio. Y creo que muchas mujeres necesitan recordar eso: que también merecen elegirse a sí mismas.

