LEER ES UN ACTO DE REBELDÍA

“Algún día podremos soñar con la realidad y vivir en la fantasía”.

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Estoy por terminar el quinto libro del año. Cinco libros a inicios de febrero pueden ser muchos o pocos, según a quién le preguntes. Charlando con un amigo, me soltó de broma: “Déjanos algo” y “se vale disfrutarlos”. Pero esto me dejó pensando: ¿me estaba presionando yo misma por terminar un libro tras otro como quien cumple una cuota? Pero, sobre todo, me hizo volver a la pregunta fundamental: ¿cuál es el sentido de leer?

No me refiero a la lectura utilitaria, como el texto académico, ensayos informativos o artículos que te hacen “más culto”, sino a mi favorita: la ficción. Cuentos, relatos y novelas que si bien estimulan la imaginación no te dejan nada “funcional” para la vida diaria. Nadie aprende a declarar impuestos o a arreglar una tubería leyendo a Mariana Enríquez o a Mircea Cărtărescu.

Adam Kirsch, en su columna La lectura es un vicio, plantea algo tan real como incómodo: ser lector hoy, en un mundo hiperconectado y bombardeado de contenido, es cultivar un hobby que a ojos de la mayoría resulta inútil.

Y estoy de acuerdo. Debemos dejar de romantizar la lectura como una actividad que te hace “mejor persona” o que te ayuda a funcionar en sociedad. Si bien hay estudios que dicen que leer fantasía mejora la empatía, la verdad es que leer es una de las actividades más antisociales que existen. Para hacerlo tienes que estar solo o, al menos, fingir que lo estás para desconectarte del exterior y poder habitar el universo de las páginas.

Me ha pasado estar en medio de una reunión y no poder dejar de desear estar en mi cuarto, encender una vela, poner música ambiental y esa cita a solas con mi libro del momento. Ese encierro voluntario me vuelve, por ratos, un ser más solitario. Se siente como ir en contra de las normas sociales actuales; casi como si estuviera haciendo algo prohibido. Y la verdad, aquí entre nos, me gusta, me siento rebelde y me produce placer. Como bien decía José Mujica, la lectura es un refugio para la soledad. En mi cuarto habito otros mundos cuando el mío se siente asfixiado por cuatro paredes.

Resistencia

Hagamos las paces con la idea de que leer es un vicio que no viene ligado a lo funcional y está bien. Si leyéramos solo bajo la premisa de “aprender”, entonces todo el mundo leería. En una realidad saturada de información y de esa presión asfixiante por ser “productivo”, por no pasar desapercibido y actuar siempre en busca de una recompensa, leer es el mayor acto de rebeldía.

En un mundo poco esperanzador, entre guerras y sociedades reprimidas, la imaginación es nuestro único consuelo, pero también nuestra herramienta más peligrosa. La ficción desafía las normas existentes porque nos permite cuestionar la realidad desde el refugio de lo imposible.

A mi parecer, soñar e imaginar no es un acto de evasión, sino una forma de resistencia ante la cruda realidad que vivimos.

Escaparnos a la ficción es mantener viva la chispa de lo que podría ser y, con suerte, algún día podremos soñar con la realidad y vivir en la fantasía.

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