“LEONAS EN MANADA: DIGNIFICAMOS NUESTRO TRABAJO DE VAGÓN EN VAGÓN”

Patricia Martínez
Columnas
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Desde los vagones del Metro capitalino el grupo Leonas en Manada reúne a vagoneras que luchan por un trabajo digno y una vida libre de violencia.

Patricia Martínez Rentería, una de sus líderes, comparte una historia atravesada por la desigualdad, pero también por la sororidad, la resistencia y el empoderamiento femenino.

—¿Cómo surge la colectiva Leonas en Manada?

—Las mujeres siempre hemos estado en el Metro. Yo trabajé cerca de 40 años en los vagones. Antes había operativos, pero eran menos violentos. Con la entrada de la policía comenzaron los golpes, las esposas y hasta el retiro de nuestros hijos. En ese contexto, vimos cómo las feministas se organizaban dentro del Metro y entendimos que la única forma de resistir era hacerlo juntas; así nació Leonas en Manada, como un grupo de mujeres que se cuidan, se acompañan y se defienden entre sí.

—¿Qué historias comparten las mujeres que integran la colectiva?

—La mayoría venimos de contextos de violencia, pobreza y familias rotas. Muchas somos madres solas. En mi caso, huí de una relación violenta estando embarazada y con un bebé. Nadie me iba a contratar así; el Metro fue la única opción que me permitió trabajar y maternar al mismo tiempo. Fue el lugar que me abrazó. Esa historia se repite en muchísimas compañeras.

—¿Qué papel tuvo el acompañamiento de organizaciones sociales en su proceso?

—Fue fundamental. Organizaciones como WIEGO (Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando) nos ayudaron a dejar de normalizar la violencia: nos dieron acompañamiento terapéutico y legal. También recibimos el apoyo de Fondo Semillas; gracias a ese respaldo contamos con una abogada, ya no estamos solas frente a las detenciones ni ante la separación de nuestros hijos. Somos mujeres, jefas de familia, que solo buscamos vivir y trabajar con dignidad.

Lucha legal

—¿Qué sucede cuando las autoridades separan a las vendedoras de sus hijos?

—Los niños son llevados por el DIF sin documentos ni garantías. Hay casos en los que se los quitan por días o semanas. Es una violencia muy fuerte que deja secuelas profundas, no solo en las madres sino también en las infancias.

—¿Han tenido avances para formalizar su trabajo?

—Hemos propuesto planes piloto, ofrecido capacitarnos, pagar impuestos y colaborar con las autoridades, pero nos han negado el reconocimiento como trabajadoras no asalariadas. Aun así, logramos que un juez fallara a nuestro favor, reconociendo que somos mujeres vulnerables y que necesitamos apoyo del Estado. Es un precedente histórico, aunque seguimos en lucha legal.

—¿Cuáles considera los mayores logros de la colectiva?

—Conseguimos locales comerciales, nos constituimos como asociación civil, contamos con abogada y llevamos nuestra denuncia hasta Ginebra. Para mujeres que siempre fuimos invisibles, eso es enorme.

—¿Qué metas tienen a futuro?

—La dignificación de nuestro trabajo, certeza jurídica y oportunidades reales para nosotras y nuestros hijos: educación, capacitación y una vida libre de violencia.

—¿Qué mensaje daría a otras mujeres que quieren organizarse?

—Que la colectividad es maravillosa y poderosa. Solas no podemos mover una roca, pero juntas podemos hacer cosas increíbles. Hay que escucharnos, abrazarnos y reconocernos como iguales.

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