DEL ANÁLISIS, AL LINCHAMIENTO ARBITRAL

“Por lo que veo, incomoda”.

Katia Itzel García
Columnas
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Algunos parecen estar más interesados en buscar pleito y hacer drama que en entender lo que realmente ocurre dentro de una cancha de futbol. Y lo que pasó con Katia Itzel García por el partido entre Pumas UNAM y Mazatlán FC es un ejemplo clarísimo.

Se armó una tormenta por una jugada puntual: el cierre del primer tiempo justo cuando Mazatlán intentaba aprovechar una desatención rival. La narrativa ya la conocemos: que si “le quitó una jugada clara”, que si “no entendió el momento del partido”, que si “eso no se hace”. Pero aquí vale la pena hacer una pausa y recordar un pequeño detalle: la árbitra se apegó al reglamento. El tiempo agregado se consumió y decidió terminar el primer tiempo. Punto.

¿Que la jugada era interesante? Sí. ¿Que pudo haber generado peligro? Probablemente. ¿Que eso obliga al árbitro a dejar correr el partido? No.

El problema es que en México el arbitraje vive bajo una lupa deformada. Venimos de una crisis arbitral que lleva años, con decisiones inconsistentes, falta de criterio uniforme y una percepción generalizada de desorden. Pero una cosa es eso… y otra muy distinta es convertir cada decisión en una cacería.

Lo que ha pasado con Katia Itzel García no es análisis, es desproporción.

Y aquí entra otro elemento incómodo: varios de los que hoy levantan la voz pidiendo sanciones son los mismos que en su momento formaron parte de una comisión arbitral francamente cuestionable. Algunos incluso fueron árbitros que —siendo justos— nunca destacaron precisamente por su nivel. Medianitos, por decirlo suave.

Entonces sorprende —o quizá no tanto— verlos ahora convertidos en jueces implacables.

Contexto

Ojo, esto no es para decir que García es intocable o que es la mejor árbitra que hemos visto. No. Si alguien considera que hubo un error, que lo argumente, que lo explique, que lo debata. De eso se trata el análisis serio. Pero de ahí a pedir su cabeza, a ridiculizarla o a descalificarla sin medida, hay un trecho enorme.

Porque lo que vimos no fue un escándalo arbitral. Fue, en el peor de los casos, una decisión discutible. Y nada más.

Ahora bien, tampoco podemos ignorar el contexto. Hace apenas unos días García fue confirmada como árbitra central para la Copa Mundial de la FIFA 2026™. Un hecho histórico: la primera mujer mexicana en lograrlo.

Y eso, por lo que veo, incomoda.

El futbol sigue siendo un espacio donde el protagonismo femenino todavía genera resistencias, algunas sutiles y otras no tanto. Y entonces cualquier decisión se magnifica, cualquier detalle se convierte en argumento, y cualquier error —real o supuesto— se usa como prueba de algo más.

Por lo menos a mí me da gusto ver a mujeres ocupando espacios protagónicos, particularmente en el arbitraje y no como cuota, no como concesión, sino por capacidad.

Katia Itzel García está ahí porque ha hecho el trabajo.

Y como cualquier árbitro —hombre o mujer—, tendrá aciertos y tendrá errores. Pero lo que no se vale es medirla con una vara distinta ni convertirla en blanco fácil cada vez que el balón deja una jugada incómoda.

El arbitraje mexicano necesita crítica, sí. Pero necesita una crítica bien aterrizada y con los debidos códigos de respeto.

Porque si seguimos confundiendo análisis con linchamiento entonces el circo será más grande y la polémica será vacía.

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