MAGICANISMO

Magicanismo
Columnas
Compartir

Toda historia tiene varias versiones.

Yo

Magicanismo es una palabra compuesta por dos acepciones que parecen contraponerse entre sí: lo mágico y lo mexicano. Pero en realidad no se oponen; aunque distantes en significado, ambas tienen profundas similitudes.

Recordemos que André Breton, cuando conoció México, afirmó en varias ocasiones que este país era absolutamente surrealista. No le faltaba razón. Basta con caminar por cualquier calle para notar que aquí lo imposible convive con lo cotidiano.

Aunque el término pueda recordar al realismo mágico —encabezado principalmente por Gabriel García Márquez—, el magicanismo no es lo mismo. No es una corriente literaria que busca adornar la realidad con elementos fantásticos. Es más bien la observación de una realidad que ya es extraña por sí misma.

El magicanismo ocurre en lugares comunes de México que de tan comunes dejan de serlo. Son encuentros y desencuentros en espacios emblemáticos y también en aquellos que nadie mira. En ellos la ciudad cobra vida y se convierte en un personaje más, rodeado de hombres y mujeres que parecen de carne y hueso, pero que a veces actúan como si entendieran algo que los demás no pueden ver.

Uno de los pilares del magicanismo es el adacte. El adacte es una forma de conocimiento profundo que nace de la experiencia. No proviene de la escuela o las universidades sino de la observación paciente del mundo. El plomero que sabe escuchar las fugas de agua. El mecánico que reconoce el problema de un motor antes de abrir el cofre. El policía ojete que distingue a un asesino en la multitud. El pintor que deja que la pintura fluya sola sobre el lienzo. El escultor que imagina la figura escondida dentro de la piedra. El dentista que resuelve la ecuación del dolor antes de mirar la boca del paciente.

Es una sabiduría empírica, silenciosa, casi instintiva. Que nace del quehacer cotidiano.

La vida está llena de grietas por donde se filtran estos conocimientos. Una mujer mayor sabe que la muerte se acerca cuando le duelen las rodillas. Un joven sabe que va a llover porque un dolor de cabeza le anuncia la tormenta.

Los muertos también participan en esta corriente. Los fantasmas no son únicamente ánimas en pena. Las cosas guardan memoria. Los ruidos, los objetos y las apariciones cuentan historias que no todo el mundo puede ver. Es como si algunos caminaran con los ojos cubiertos. Pero hay mexicanos que perciben esas grietas en la realidad y saben leerlas.

También la religión ocupa un lugar fundamental. Desde el sincretismo de la época colonial hasta las grandes manifestaciones de fe popular, el magicanismo se alimenta de símbolos que sobreviven en la vida diaria. ¿Cómo entender a la Virgen de Guadalupe sin estos elementos?

El lenguaje es otro de sus pilares. El español mexicano está lleno de palabras oscuras, dobles sentidos y groserías cargadas de significado. Una sola palabra puede contener mundos enteros. Basta pensar en la palabra chingar. Puede ser insulto o elogio. Puede ser derrota o victoria. Puede ser dolor o celebración.

La ideología también forma parte del magicanismo, porque todos llevamos dentro algo que arreglar o algo que descomponer. Es el equilibrio entre fuerzas opuestas: el Yin y el Yang en versión mexicana.

Y no hay que olvidar que las cosas tienen memoria. Las llaves perdidas que aparecen de repente. Los cubiertos que conocen mejor a sus dueños que ellos mismos. Los autos que parecen tener carácter. Los muebles que recuerdan a quienes los habitaron. Y qué decir de los cuadros o de los espejos: dentro de ellos se encierran innumerables historias que todavía esperan ser contadas.

Pequeños cuentos representativos

El pintor Se paró frente al lienzo, no tenía una idea preconcebida de lo que iba a pintar, dejó que el lápiz tomara su rumbo y al final los pinceles cobraron vida, los colores, las sombras fueron apareciendo lentamente, como quien canta una canción de cuna a un bebé, despacio, sin prisa. Al final, el cuadro resultó una maravilla, la gente no entendía cómo el pintor había logrado captar ese momento. El pintor tampoco.

El plomero Desde que llegó a la casa supo dónde estaba el problema, a la mujer no le dio tiempo de explicarle. Le había llamado por teléfono para decirle que tenía una fuga de agua pero no sabía por qué no salía agua del grifo. El plomero pasó de largo sin decirle nada. Tomó un cincel y a media pared de la sala abrió un agujero; el agua comenzó a salir. A la primera había encontrado la fuga. La reparó pero le dejó el hoyo en media sala. Cuando la mujer le preguntó cómo sabía el plomero solo alcanzó a decir. la casa me habló y me indicó dónde estaba el problema.

×