MARX SE VA, EL PROBLEMA NO

Marx Arriaga
Columnas
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El problema no es Marx Arriaga, sino el daño que sus libros de texto le han hecho a la educación. El titular de la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) dejó la oficina de Avenida Universidad 1200 en la que se había atrincherado y permitió el ingreso de una nueva directora, pero logró que se quedara no solo su equipo de trabajo, lo cual es inaudito, sino también los muy cuestionados libros de texto que elaboró.

Arriaga fue en 2013 lector sinodal del examen profesional de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador, cuando obtuvo el doctorado en Humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana.

Fue nombrado director general de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura al comenzar el gobierno de López Obrador y participó en la Estrategia Nacional de Lectura que impulsó Gutiérrez Müller en 2019.

Se le nombró director general de materiales educativos de la SEP en 2021, donde estuvo a cargo de la elaboración de nuevos libros de texto oficiales que generaron una enorme polémica.

Algunas de las críticas apuntaban a errores puntuales en los textos, que él calificó de “áreas de oportunidad”. Los problemas de fondo, sin embargo, eran mayores. Se les cuestionó por la falta de una adecuada estructura pedagógica y por el uso de un lenguaje no apropiado para niños. Recibieron también críticas por haber disminuido la cobertura de temas científicos. Quizá los cuestionamientos más importantes, sin embargo, tenían que ver con la ideologización de los textos, que fueron tildados de “comunistas” por algunos críticos.

Insubordinación

Marx se consideraba a sí mismo el legítimo representante del “obradorismo” en la SEP y por eso se negaba a dejar el cargo. Despreció una embajada en un país latinoamericano, que le ofreció el secretario Mario Delgado como premio de consolación, y se ha ido a trabajar como profesor a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. El problema es que no hay indicios de que habrá cambios en esos deficientes libros de texto que dejó.

La presidenta Sheinbaum declaró que Marx se negó a incorporar en los libros a algunas heroínas, como Leona Vicario y Josefa Ortiz (a quien ya le quitaron el “de Domínguez”), lo cual llevó a su destitución. La explicación suena inverosímil; pero cualquiera que haya sido la razón, el director consideraba que ni la propia mandataria podía despedirlo. Quizá se sentía protegido por Andrés Manuel o por Beatriz. Eso explicaría por qué la jefa del Ejecutivo lo alabó y casi le ofreció disculpas luego de despedirlo.

El problema es que a pesar de que Arriaga ha sido sustituido no hay ningún indicio de que se vaya a hacer siquiera un intento por corregir los defectos de los libros de texto. La nueva directora de materiales educativos, Nadia López García, una poeta de origen indígena de 34 años, tiene una licenciatura en Pedagogía, pero no parece contar con la preparación ni con la fuerza política ni con el deseo de producir una nueva generación de libros de texto.

Es una pena, porque el país necesita mejorar la calidad de su educación, la cual se ha deteriorado desde que López Obrador tomó el poder en diciembre de 2018. La presidenta parece haber despedido a Marx por una insubordinación, pero no muestra intención de enmendar el rumbo. “Los libros de texto están bien hechos”, declaró en la mañanera. “Marx Arriaga hizo un excelente trabajo”. Si esa es realmente su posición, no podemos esperar que la nueva directora haga un esfuerzo por corregirlos.

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