NEGOCIACIONES OBLIGADAS: LECCIONES PARA MÉXICO

Negociaciones internacional
Columnas
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En el tablero internacional las negociaciones obligadas se han convertido en una constante. Son aquellas en las que las partes, más allá de sus deseos, deben sentarse a dialogar porque la presión de los hechos las conduce a ello. Venezuela y Dinamarca ofrecen ejemplos recientes que ilustran cómo las potencias gestionan este tipo de escenarios y qué aprendizajes pueden extraerse para México.

El caso venezolano es paradigmático. La insistencia de Nicolás Maduro en permanecer en el poder obligó a Estados Unidos a negociar con la cúpula militar. El acuerdo permitió la entrada de una figura de transición, aunque ninguna de las partes quedó plenamente satisfecha.

La lección es clara: incluso en contextos de desconfianza, la negociación puede evitar un colapso mayor. Estados Unidos, consciente de su necesidad energética, buscó asegurar el flujo de petróleo, integrando a Venezuela en su estrategia hemisférica de dólar y crudo.

En Groenlandia, bajo la esfera de Dinamarca, se vivió otro ejemplo de negociación obligada. La presión territorial y estratégica llevó a Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a pactar la protección del territorio frente a posibles invasiones.

De nuevo, el petróleo, el dólar y la geografía se convirtieron en factores determinantes. La conclusión es que ante presiones externas los acuerdos se alcanzan no por simpatía, sino por necesidad.

Unidad

El mundo actual se mueve al ritmo de las grandes potencias. Como advierte El arte de la guerra, saber cuándo avanzar, esperar o retirarse es esencial.

Estados Unidos y China marcan compases que redefinen monedas y recursos naturales. Los organismos internacionales, mientras tanto, parecen rezagados ante conflictos como los de Ucrania o Palestina, donde la mediación debería ser más activa.

México, por su ubicación estratégica en América, no puede permanecer ajeno. La negociación obligada que enfrenta hoy no es cuestión de voluntad sino de posibilidad. Romper relaciones o confrontar a un vecino poderoso sería inviable. Lo que sí está a nuestro alcance es construir acuerdos que fortalezcan nuestra soberanía y nos permitan avanzar en un entorno global cada vez más complejo.

La unidad nacional y la capacidad de negociar con inteligencia serán nuestras mejores herramientas para enfrentar este nuevo orden.

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