NO FUE EL PUEBLO

Reforma electoral
Columnas
Compartir

No recuerdo haber visto al pueblo bueno reclamar como una imperiosa necesidad una reforma al sistema electoral. Lo que sí he escuchado son sus quejas por la falta de medicamentos, por las demoras en las instituciones públicas de salud para otorgar consultas y tratamientos médicos, por la inseguridad en las calles, las carreteras y el transporte público, por el cobro de piso que destruye a las empresas, por la falta de empleo que empuja a los trabajadores a subsistir en la informalidad sin recibir prestaciones ni ninguna protección social.

Quejas sobre el costo del sistema electoral sí ha habido, aunque son relativamente pocas, pero ninguna que haya propuesto el retorno a un sistema de partido único.

Son mucho mayores los cuestionamientos al enriquecimiento (in)explicable de tantos legisladores y funcionarios del gobierno, aunque el gobierno nos diga que en México ya no existe la corrupción.

El único personaje que consideraba necesaria una reforma electoral era el expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien el 5 de febrero de 2024 presentó una lista de enmiendas legales y constitucionales que estimaba indispensables para el país. Una de ellas era, precisamente, la del sistema electoral.

La propuesta provenía, en primer lugar, de su odio al Instituto Nacional Electoral (INE), a pesar de que para ese momento ya había logrado sembrar a varios incondicionales suyos como consejeros en la institución, entre ellos a la propia presidenta.

Otra de sus obsesiones era acabar con los legisladores de representación proporcional, aunque fueron estos los que permitieron a la izquierda y a la oposición lograr sus primeras posiciones políticas en nuestro país. López Obrador, sin embargo, no tenía mucha idea de lo que quería ni de cómo lograrlo. Su primera propuesta de reforma para eliminar a los plurinominales convertía a todos los diputados en plurinominales.

Desconfianza

Claudia Sheinbaum dice que ella está presentando una iniciativa de reforma electoral para obedecer los deseos del pueblo: “Como presidenta estoy obligada a una reforma que contenga lo que me pidió la gente y lo que vemos en las encuestas”. Pero si así fuera, estaría tomando medidas para fortalecer el sistema de salud y la seguridad pública, no emprendiendo una reforma electoral que no está en el radar de la inmensa mayoría de los mexicanos.

Más que la voz del pueblo la presidenta escucha las ocurrencias que vienen de Palenque. Eliminar la representación proporcional y debilitar al INE y a los órganos electorales locales es un camino para cumplir los deseos del expresidente. López Obrador siempre mostró desconfianza hacia la democracia. Incluso ha argumentado que la elección por tómbola es más democrática que la que se lleva a cabo por el voto.

Por eso, para quedar bien con su mentor, Sheinbaum declaró el 25 de febrero que para Morena “no hay problema” en la eliminación de los plurinominales, porque en Morena “eligen por tómbola”.

No hay más razón para hacer esta reforma que entregar todo el poder a la jefa del Ejecutivo y a su partido. No hay ni siquiera el deseo de mantener a los satélites, el Partido Verde y el Partido del Trabajo, los cuales han estado hasta ahora dispuestos a lo que sea con tal de conservar unas migajas de poder.

Es una mentira decir que esta reforma es una exigencia del pueblo. El pueblo demanda cosas mucho más concretas y sensatas; no le interesa reemplazar a los diputados plurinominales por unos de primera o segunda minoría.

×