El gobierno trata de justificar la reforma electoral con el argumento de que es necesario reducir el costo de las elecciones. Nunca ha sostenido que con estas medidas tendremos mejores comicios y más confiables, porque no será el caso. Sin embargo, tanto las disposiciones del primer intento de reforma, rechazado por la Cámara de Diputados, como el Plan B entregado al Senado subrayan que la única y verdadera intención es favorecer a Morena y afianzar un régimen de partido hegemónico.
El Plan B descartó las medidas que rechazaban los partidos aliados de Morena: la eliminación de los diputados y senadores de representación proporcional y el recorte a las prerrogativas de los partidos. Los líderes del Partido Verde y el del Trabajo sabían que estas medidas podían llevar a la desaparición de sus propias organizaciones.
Desde antes de que se lanzara este Plan B, sin embargo, el gobierno se vio obligado a reintroducir el PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, cuya desaparición habría generado un vacío de información electoral durante varios días después de la elección.
Al final, el gobierno ha incluido en el Plan B medidas diseñadas abiertamente para favorecer a Morena. La más importante es la que haría que la votación para la “revocación de mandato” se lleve a cabo de manera conjunta con las elecciones intermedias. La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, tendría así la oportunidad de promover sus políticas y acciones de gobierno precisamente en el periodo en que los ciudadanos estarían votando por nuevos diputados en 2027. De esta manera la presidenta podría hacer campaña también por los candidatos a legisladores de su partido.
Tendencia
Al igual que las propuestas de reforma electoral de López Obrador, su Plan A y su Plan B, las dos iniciativas de la presidenta Sheinbaum han sido preparadas solo por gente de Morena. No se ha consultado ni se ha buscado un acuerdo con la oposición. Esto es inusitado en una reforma que se supone debe establecer las reglas para el juego electoral en el futuro. Es como si los reglamentos del futbol los fijara solo el equipo más rico y poderoso, dejando de lado las posiciones de todas las demás escuadras.
La presidenta Sheinbaum ha declarado en varias ocasiones que México es hoy “el país más democrático sobre la faz de la Tierra”. Las instituciones que se dedican a estudiar los sistemas políticos del mundo, no obstante, tienen otros datos. El pasado 17 de marzo se dio a conocer el informe 2026 de la organización sueca V-Dem, que evalúa la calidad de las democracias. A México no solo no lo pone en el primer lugar sino que lo coloca en el grupo de países, como Hungría, Serbia, India y Estados Unidos, que han tenido el mayor deterioro en la calidad de su democracia en los últimos años.
Los investigadores de V-Dem responsabilizan a la llamada Cuarta Transformación de este deterioro. Si el inicio de la caída democrática de Hungría lo ubican en 2009, un año antes del ingreso al poder del primer ministro Viktor Orbán, y el de Estados Unidos en 2023, poco antes de la segunda presidencia de Donald Trump, la de México data de 2019, el primer año de gobierno de López Obrador.
México ha perdido muchas de las instituciones que lo convirtieron en un país democrático entre 1997 y 2018. Ahora V-Dem ya no nos considera democráticos. Ha clasificado a México como una “autocracia electoral”.
La nueva reforma electoral, que quiere restablecer un régimen de partido único, solo continuará esta tendencia.

