Durante la lectura del discurso de inauguración de su segundo mandato, el 20 de enero del año pasado, el presidente Donald Trump consideró a nuestro país como un referente sistemático, constante y, sobre todo, necesario para ilustrar el nuevo talante de la política exterior, comercial y militar de su país.
Recordemos que el anuncio de la firma de la Orden Ejecutiva para declarar a la frontera sur (norte nuestra) en emergencia nacional fue la primera acción oficial de Trump aquel mismo día por la tarde en la Sala Oval de la Casa Blanca.
Las alusiones y explícitas menciones a México abarcaron también los temas de aranceles, migración y tráfico de drogas (fentanilo).
De entonces a la fecha ha transcurrido un convulso y agitado año en las relaciones bilaterales y diversos escenarios en el mundo. De forma precipitada, en numerosos análisis nacionales e internacionales han denominado a este breve, muy breve periodo, como un “nuevo orden mundial”.
¿Qué tanto podemos encontrar de “nuevo” en la siempre compleja relación entre México y Estados Unidos? Ninguno de los asuntos y temas referidos en el discurso de inauguración son desconocidos, ni mucho menos. Cambia el estilo de abordarlos, como sucede en cada relevo presidencial, porque hay estilos, procesos e incluso prioridades cada vez. No obstante, las condiciones específicas en la relación bilateral, han permanecido a lo largo de las décadas.
Certidumbre
Por supuesto que las amenazas, descalificaciones, ataques e incluso insultos contra México por parte de funcionarios civiles de las áreas de seguridad, defensas e inteligencia del gabinete de Trump son inéditas. Estas reprobables actitudes han comenzado incluso a propiciar serias tensiones en el Congreso de ese país, pues se han formado grupos de legisladoras y legisladores de los partidos Demócrata y Republicano para pedir, por ejemplo, la salida o iniciar el proceso denominado como impeachment (juicio político para destitución) contra Kristi Noem, secretaria de Seguridad, por la brutalidad con que ha actuado la agencia de migración ICE.
El objetivo de las múltiples redadas, buena parte de las cuales han concluido en tragedias y asesinatos, es detener mediante el pánico y la violencia la inmigración, procedente e integrada de forma mayoritaria por mexicanas y mexicanos. Pero esas acciones, con efecto indudable inmediato para frenarla, a la larga no impedirán que el flujo continúe.
En este mismo sentido se pueden observar las constantes referencias a acciones unilaterales de fuerza para que desde Estados Unidos se preparen y ejecuten acciones contra las seis denominadas Organizaciones Terroristas Extranjeras (narcotraficantes) con el objetivo de “eliminarlas de la faz de la Tierra” (expresión del jefe del Departamento de Defensa, Pete Hegseth).
La posibilidad de la continuidad de un tratado de comercio entre los tres países de América del Norte se va desvaneciendo conforme las tensiones y desencuentros entre el primer ministro Mark Carney y Trump se multiplican. El más reciente es el observado en el Foro de Davos.
Las relaciones comerciales con México son de atención crítica para la economía de Estados Unidos: en medio de la imposición de aranceles, la Casa Blanca hasta el momento le ha dado un trato considerado a nuestro país.
Así, se puede observar que los temas prioritarios de la agenda binacional permanecen, aunque con distinto tratamiento, pero sin lugar a dudas mantienen indisoluble un destino compartido. Tener esto presente permitirá dar certidumbre a las relaciones bilaterales.

