Ya expliqué extensamente mi opinión de lo acontecido en Venezuela en una edición especial de esta misma revista. Ahora solo quiero comentar, en referencia a eso, que la operación de sustracción de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos resultó un éxito desde el punto de vista mediático a escala interna en aquel país.
Si bien no he visto encuestas de la reacción de la opinión pública norteamericana ante el incidente, es notorio que Donald Trump y su equipo lograrán presumir otro “gran logro” en política exterior.
Pareciera que Trump ve la política exterior con ojos parecidos a los de AMLO: la mejor política exterior es la interior y a la inversa. Antes que las repercusiones geopolíticas del operativo en Venezuela, para Trump importan las implicaciones en la política doméstica. En otras palabras, aumentar su popularidad y la de su partido de cara a las elecciones intermedias.
En vista del desempeño del crecimiento económico y el empleo, muy distantes de los prometidos en campaña, Trump parece enfilado a presumir sus logros en el acuerdo de paz en Gaza, la destrucción de instalaciones estratégicas en Irán y ahora la caída de un dictador enemigo de Estados Unidos. Recurso casi tan viejo como la prostitución, el gobierno que necesita distraer de un problema local voltea los ojos al resto del mundo para brillar en el exterior. Y desde esa óptica, Trump lo está haciendo decorosamente.
Por supuesto, la oposición del Partido Demócrata y sus medios de comunicación afines pegaron el grito en el cielo por la falta de respeto al derecho internacional, pero resulta muy dudoso que eso le importe al votante promedio. En concordancia con lo prometido en campaña, Trump proyecta la imagen de un Estados Unidos que vuelve a ser fuerte en el exterior, no entra en guerras (fue un operativo militar sí, pero no una invasión) y no acepta humillaciones de sus enemigos, sino que incluso los expulsa de su esfera de influencia.
En acatamiento de la doctrina Monroe (¿Donroe?), el mandatario estadunidense saca a China y Rusia de Venezuela como primer paso para su expulsión del continente americano.
¿Alcanza?
Desde luego que estoy simplificando, pero así es como se presentará el caso ante los electores. La pregunta es si esto le resultará suficiente para mantener su mayoría legislativa.
Cuando George Bush hijo invadió Irak los demócratas se opusieron con argumentos similares a los esgrimidos contra la operación en Venezuela. Bush los hizo ver como débiles, cobardes e incluso traidores al interés nacional norteamericano, convenciendo al electorado de que el Partido Demócrata no tendría la fortaleza necesaria para proteger al país de las amenazas en el exterior. Da la impresión de que Trump está arrojando migajas de pan a la oposición para guiarla en esa misma dirección. Oponerse al operativo en Venezuela pareciera como si objetaran la caída de un dictador, a la sazón narcotraficante, torturador y terrorista.
Y sin embargo la pregunta se sostiene: ¿alcanza con eso para ganar las intermedias? A Bush le alcanzó para reelegirse, pero hay muchas diferencias entre Irak y Venezuela. México debería estar ponderándolas y analizando su reacción ante estos acontecimientos, pero seguimos en la retórica gastada de la Doctrina Estrada. Peligroso es un calificativo suave para lo que nos espera.

