LA POPULARIDAD Y LA GUERRA

Donald Trump
Columnas
Compartir

¿Cómo vamos, señores? ¿Ya fue suficiente desmadre por un año o le seguimos un poco más? Pregunto esto porque es más que obvio que 2026 inició de una manera excepcionalmente violenta, brutal y ruda; más para los que trabajamos en medios de comunicación. Y ya se los he dicho antes, pero ustedes de plano no hacen caso: ¡no hay tregua, raza!

Hoy que escribo esta columna (día 60 del año) ya hemos visto la extracción del dictador Nicolás Maduro en Venezuela, el abatimiento de El Mencho y el inicio de una nueva guerra en Oriente Medio. Basta con poner el mínimo de atención para saber que en todos estos eventos hay un común denominador: el involucramiento de Estados Unidos.

Creo que es relevante resaltar este detalle porque lo que inició como una posible anomalía en la Matrix se está convirtiendo rápidamente en la norma y el nuevo paradigma para los asuntos globales y el balance geopolítico: Donald Trump va a utilizar su poder militar preponderante para hacer y deshacer lo que le plazca. No olviden que él mismo ha confesado que “su moralidad” es lo único que podría detenerlo.

Claramente seríamos muy ingenuos si pensáramos que estas acciones bélicas forman parte de una agenda de promoción liberal. ¡En lo absoluto! Aquí no estamos hablando de idealismo ni de buenas conciencias y lo que menos importa es la expansión de la libertad o del Estado de Derecho. Porque al final todo esto responde a un simple cálculo político de Trump rumbo a las elecciones intermedias de noviembre.

Aquí resulta importante recordar que ningún presidente en la historia reciente ha enfrentado unas elecciones intermedias con una popularidad tan baja como la de Donald. De acuerdo con una encuesta reciente de Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research 61% de los estadunidenses rechaza la gestión presidencial de Trump; cifra que —por lo menos— es un poco mejor que la popularidad de las cucarachas entre los gringos (que tienen una desaprobación de 86%, según otra encuesta de YouGov).

Cualquier cosa

Trump entiende muy bien lo que esto significa. Todos los distritos de la Cámara de Representantes están en juego en noviembre, junto con 33 escaños en el Senado y varias gubernaturas; perder alguna de las cámaras legislativas pondría —de facto— fin a su presidencia.

Debemos recordar también que los republicanos tienen hoy una ventaja de solo cuatro escaños en la Cámara de Representantes; y que históricamente el partido en el poder tiende a perder escaños en las elecciones intermedias.

Obviamente, cuanto más impopular sea un presidente en funciones más escaños va a perder.

Y Trump ya ha experimentado este escenario con anterioridad. En 2018 los republicanos perdieron 40 escaños y esto llevó a que sus opositores iniciaran dos procesos de destitución en su contra. Con todos los excesos y tropelías cometidos en este segundo mandato podemos esperar que los demócratas intenten esto y más: trabas, investigaciones, cuestionamientos y un bloqueo total y absoluto de su agenda.

Hasta ahora este despliegue de soberbia imperial a nivel internacional me ha parecido bastante positivo. Se ha eliminado a uno de los dictadores más miserables del hemisferio occidental; se capturó al líder criminal más buscado del planeta, y se decapitó a uno de los regímenes más oscurantistas, anacrónicos y desestabilizadores del mundo. Y recuerden: todo esto ocurrió en tan solo 60 días.

¿El problema? Que todavía faltan cerca de 240 días para las elecciones intermedias y con los paupérrimos números que arrastra Trump es inmensamente probable que hará cualquier cosa para buscar mejorar su imagen de aquí a noviembre.

Así que abróchense los cinturones porque este viaje apenas inicia y nadie tiene permitido bajarse.

×