Desde que tengo uso de razón liberales y conservadores pronostican el colapso del régimen cubano. En particular al final de la Guerra Fría la lógica parecía indicar que si la Unión Soviética se disolvía y Rusia transitaba al capitalismo era verosímil suponer el final de la dictadura castrista. Sin embargo, mediante distintas maniobras internas y externas el castrismo sobrevivió hasta nuestros días.
Es casi imposible creer que si Estados Unidos logró derrotar a la URSS no haya podido destruir el comunismo cubano. Esa es una pieza de propaganda que solamente podrían creer los fanáticos del régimen en la isla. Numerosos analistas llevan décadas señalando que en el fondo EU no ha querido la caída del castrismo, pues al momento de colapsar el sistema isleño centenares de miles de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo inundarían Florida. Nadie ha conocido hasta el momento una estrategia pormenorizada para la transición cubana. Ojalá que Marco Rubio sí la tenga.
Recordemos que la gran mayoría de las transiciones del comunismo al capitalismo fracasaron y produjeron estados fallidos o repúblicas mafiosas, como en el caso de Rusia. De no ser por los subsidios de la Unión Europea varias de las repúblicas de Europa del Este hubieran fracasado económicamente o vivirían guerras civiles tan cruentas como el conflicto en Los Balcanes. Sin apoyo externo, es imposible convertir una estructura comunista anquilosada a una economía capitalista seria y funcional. Y en los hechos, aun con ayuda externa, los casos de éxito (Europa del Este) terminaron regresando a coquetear con partidos y dirigentes autoritarios que ofrecían el regreso del estatismo.
En otro caso, Alemania Oriental, los alemanes del área occidental todavía ven con resentimiento a sus paisanos del otro lado del muro, por el costo que sigue teniendo tratar de poner la mitad del país al ritmo económico de la zona capitalista desarrollada. Incluso electoralmente es muy notoria la división entre los alemanes de uno y otro lado.
Transición
En cuanto a Cuba, el mejor análisis que he leído estos días es el de Luis Rubio en Americas Quarterly, donde advierte del peligro de la posible intromisión del narcotráfico mexicano e internacional en una eventual transición cubana.
Y es que, bien mirado, el problema de un colapso total del Estado cubano a resultas de la pérdida de su patrocinador venezolano no sería exclusivamente para Estados Unidos, pues no faltará la ola de migrantes caribeños a las costas mexicanas. Si no por otro motivo, por la facilidad de compartir el idioma.
En una economía como la mexicana, que no crece desde hace muchos años, ¿cómo integrar una mano de obra escasamente calificada como la cubana? Es de suponer que engrosarían las filas mexicanas de la informalidad local, de suyo enorme, pues la mano de obra mexicana tampoco se caracteriza por sus altos niveles de calificación.
Si México realmente quisiera ayudar a los cubanos, en vez de regalarle petróleo a la dictadura debería concebir un plan de apoyo para una transición económica y política ordenada, coordinada en espacios multilaterales ya existentes o creados ad hoc para este tema. Eso, desde luego, si hubiera estrategas en el gobierno mexicano, gente con la capacidad de anticiparse a los desplantes trumpistas y no meros espectadores de la política internacional. Lamentablemente, parece que estamos en el segundo caso.

