STABAT MATER

“Un momento clave de la Pasión de Cristo”.

Pergolesi
Columnas
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El año pasado nos referimos en este mismo espacio a la Semana Santa y J. S. Bach. Y claro que hay razones para haberlo hecho y reiterarlo: La Pasión según San Mateo y La Pasión según San Juan son obras maestras para la humanidad.

Difícilmente encontraremos piezas similares, sobre todo considerando que Bach perteneció al periodo barroco (1685-1750), mismo que termina, por cierto, con su muerte.

Y no perdamos de vista que la más grande composición jamás escrita por un ser humano, San Mateo, fue revivida (literalmente) y reestrenada por otro enorme músico, como fue Felix Mendelssohn, en aquel memorable concierto del 11 de marzo de 1829 en Berlín. Tenía el audaz director apenas 20 años de edad. Pero a los 18 ya había escrito la obertura de Sueño de una noche de verano, esa composición descriptiva y con base en la obra de Shakespeare. Un coctel de genios, pues.

En fin, hoy toca hablar de otra obra relacionada con la Semana Santa y la Pascua. Se trata del Stabat Mater. Estamos frente a una de las estampas más fuertes y simbólicas de la Pasión de Cristo. Es uno de los poemas que más calaron en la Edad Media, con base en el dolor de María durante la crucifixión de su hijo, Jesús. Las primeras palabras, en latín, nos hablan de Stabat Mater dolorosa… (“Estaba la madre dolorosa…”). No hay que explicar más. Se trata de un poema medieval del siglo XIII, que se atribuye a Jacopone da Todi, mas no hay certeza.

Y claro que es un momento clave de la Pasión de Cristo, su injusta crucifixión, en medio de criminales, sin haber sido un revolucionario ni nada por el estilo. Llevó una voz que contagió y, con un puñado de aliados, lograron todo un movimiento de conciencias y almas. Nuestra era es antes y después de él. Punto. Baste hoy con decir que tenía una madre, dolorosa, que lamentó profundamente la injusta y cruel crucifixión de su hijo, junto con María Magdalena (personaje fascinante del que también ya nos ocuparemos, pero que no aparece explícitamente en esta obra).

Trascendentes

Se tiene registro de muchísimos compositores que dedicaron sus partituras a este episodio, pero yo quiero compartir con ustedes las que considero más trascendentes y bellas. Comienzo por mi favorita, la de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736). Nuevamente, nótese que vivió solo 26 años (víctima de tuberculosis), pero nos legó una obra maestra para cuerdas, soprano y alto (les recomiendo la versión en DECCA de la Sinfonietta de Montréal, dirigida por Charles Dutoit; y Cecilia Bartoli, para variar).

Vamos a la versión de Gioachino Rossini (1841), una joya de obra —Warner Classics—. Aunque ya quedamos en que le ganaba la vena operística, este enorme autor italiano hizo del Stabat Mater una obra magnífica. Fue escrita en 1841, luego de haber dejado atrás la ópera y entrarle de lleno a la glotonería. Aquí les recomiendo la versión de Antonio Pappano dirigiendo la orquesta y coro de la Academia Nacional de Santa Cecilia, con las enormes Anna Netrebko y Joyce Didonato.

Hay una más que quiero destacar: el Stabat Mater de Antonín Dvorák para solistas, coro y orquesta, que tiene dos versiones (1876 y 1877). Todo comenzó con la muerte de su hija, recién nacida, Josefa. Fue la primera obra religiosa del gran compositor checo. Tuve la oportunidad de verla y gozarla en París. Una maravilla. Recomiendo la versión (Deutsche Grammophon) de quien es uno de mis más admirados directores de orquesta (QEPD), Giuseppe Sinopoli (a quien tuve el placer de conocer, gracias a Sergio Vela), con la Staatskapelle de Dresden. Él falleció durante el ensayo del tercer acto de la ópera Aida, de Verdi, el 20 de abril de 2001, ópera con la que debutó en 1978. Cosas de la vida.

¡Viva la música!

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