EL TRUMPISMO Y EL MENCHO

“La pauta la marca Estados Unidos”.

Trump y el Mencho

Ya ni tiene sentido negarlo. Apenas la semana pasada decíamos en este espacio que el gobierno estadunidense tiene una capacidad inaudita para presionar a su contraparte mexicana y el fin de semana tuvimos la confirmación plena de esa aseveración. El enorme operativo para capturar a El Mencho, que terminó en su “abatimiento”, se produjo en buena medida a instancias de la presión norteamericana.

Tanto así, que en su discurso sobre el estado de la Unión el presidente Donald Trump se atribuyó el éxito de dicho operativo sin hacer ningún reconocimiento a las fuerzas mexicanas caídas en combate.

El gobierno de México seguirá con el cuento de que se opera en el marco de una relación bilateral respetuosa de cooperación, pero más bien, por las caras largas de los responsables mexicanos del operativo, se advierte la necesidad de subordinación.

Éxito, repiten los panegiristas del régimen, pero Trump los exhibió de manera ofensiva en su discurso ante el Congreso norteamericano: todavía se dio el lujo de mencionar que necesitan hacer más, que el Estado mexicano se ha quedado corto en sus esfuerzos de combate a la delincuencia, a pesar de que este fin de semana cayeron en cumplimiento de su deber más de dos decenas de militares mexicanos; y eso según la cifra oficial, que se antoja dudosa.

Lo que está claro, entonces, es que la pauta la marca Estados Unidos. Hay quienes aseveran que el operativo coloca a México en una posición de fortaleza para la revisión del TMEC. No comprendo cómo. Si Estados Unidos dice que a México le falta hacer más y se atribuye públicamente el éxito de la operación, ¿cómo fortalece eso a México de cara a la renegociación, revisión o como quiera llamársele?

Es extraño que, a la vista de la capacidad norteamericana para presionar a nuestro país, se hable de una fortaleza mexicana para negociar.

Percepción

Dicen otros que con esto se destruye el mito del narcoestado fallido. Muy al contrario. Lo que vimos también el domingo fue la capacidad de la delincuencia para paralizar las actividades de poblaciones tan importantes como Guadalajara o Puerto Vallarta, y hasta de suspender los vuelos en el segundo aeropuerto más grande del país. Esto no puede lograrse sin la gigantesca penetración del Estado por las fuerzas criminales. Es decir, con la complicidad de autoridades corruptas que fueron ineptas o estuvieron coludidas cuando se produjeron los narcobloqueos.

Un reportaje de la BBC de Londres calificó a Guadalajara como “la casa elegida por el narco”, “la base práctica y simbólica del auge del narco en México”. Y lo ilustra citando una estimación del Departamento del Tesoro de Estados Unidos de acuerdo con la cual ocho de cada diez negocios utilizados para lavar dinero en México se hacen en Jalisco y 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están en Guadalajara.

Tal vez mi percepción es errónea, pero yo no vi el triunfo del Estado mexicano este fin de semana. Vi en tiempo real su sometimiento integral a las directrices norteamericanas y su incapacidad para controlar su propio territorio, en manos de criminales que aterrorizaron a la población. Vaya éxito.

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