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La alianza oficialista entiende la importancia de mantenerse unida. Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo lograron 54% de los votos para el Congreso en 2024, que convirtieron en una mayoría calificada de 74% gracias a una serie de maniobras cuestionables y a una interpretación parcial del INE y el Tribunal Electoral del artículo constitucional que limita la sobrerrepresentación en el Congreso.

Por separado, los partidos de la Cuarta Transformación no se muestran tan arrolladores. En 2024 Morena obtuvo 41% de los votos para la Cámara de Diputados, el Partido Verde 8 y el PT solo 5%. Los dirigentes de los tres partidos saben que sin su alianza no solo no tendrían la mayoría calificada sino quizá ni siquiera la mayoría simple.

Las discrepancias internas de la alianza han sido muchas, porque las ambiciones de los líderes crecen constantemente. El gobierno de la 4T les ha dado poder, pero también mucho dinero.

Una de las diferencias surge del deseo del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, del Partido Verde, de dejar el gobierno de la entidad a su esposa, la senadora Ruth González Silva. La presidenta Claudia Sheinbaum, de Morena, impulsó una ley en 2025 que impide que los gobernantes —alcaldes, gobernadores o presidente— sean sucedidos por parientes cercanos. Sin embargo, el Partido Verde presionó para que se aplazara la aplicación de la legislación hasta 2030 con el propósito de permitir una sucesión familiar en San Luis Potosí.

Más profundas han sido las diferencias sobre la ley electoral. La presidenta quería eliminar legisladores de representación proporcional y reducir el dinero público que se entrega a los partidos, pero los líderes del PVEM y el PT han rechazado la propuesta porque saben que concentraría el poder en Morena y dejaría fuera a los partidos pequeños, incluyendo los suyos.

Las negociaciones para lograr un acuerdo de los partidos oficialistas para esta reforma han sido prolongadas y tensas.

Oposición dividida

Sin embargo, el pasado 28 de enero Luisa María Alcalde, de Morena; Karen Castrejón, del Partido Verde; y Alberto Anaya, del Partido del Trabajo, emitieron un pronunciamiento conjunto en el que manifestaron que mantendrán su alianza.

“Refrendamos la unidad política de la alianza rumbo a 2027 —dijeron— para garantizar la continuidad del proyecto de transformación por un país más justo, democrático, igualitario, incluyente, independiente y regido por la voluntad libre y soberana del pueblo de México”. Anaya, del PT, añadió que se mantendrá la alianza no solo en 2027 sino también en la contienda presidencial de 2030.

Aunque los partidos no han anunciado todavía un acuerdo sobre la reforma electoral, el pronunciamiento de los líderes sugiere que ha habido avances. Los tres partidos se han acostumbrado al poder. Si bien todos los cargos del Ejecutivo los concentra Morena, los puestos legislativos y las prerrogativas que el INE entrega a los partidos pequeños hacen muy difícil abandonar la alianza oficialista.

Esta expresión de unidad entre los partidos en el poder se registra en un momento en que la alianza opositora se tambalea. El PRD ha desaparecido a nivel federal, mientras que las diferencias entre el PAN y el PRI de Alejandro Moreno son cada vez más marcadas. Movimiento Ciudadano ha obtenido buenos resultados en solitario.

Si las cosas siguen como están, la alianza oficialista se presentará unida en 2027 y la oposición contenderá dividida.

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