VENEZUELA Y LOS ECOS DE IRAK

Venezuela
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Estoy seguro de que muchos analistas recurrirán a la siguiente frase en estos días, pero aun así pienso usarla: “Hay décadas en las que no ocurre nada, y hay semanas en las que ocurren décadas”. Lo anterior lo dijo Lenin en su momento, y para bien o para mal no pudimos tener una semana que sacudiera más la geopolítica de este hemisferio que la que nos recetó Donald Trump el pasado 3 de enero.

Pero como era de esperarse, no faltaron las buenas conciencias que de inmediato recurrieron a la cantaleta antiimperialista: que si la intervención militar de Estados Unidos viola el derecho internacional, que si Washington no tiene autoridad moral para intervenir en ningún lado, etcétera.Y sí, creo que debemos aceptar que este tipo de operaciones bélicas son problemáticas, pero no automáticamente condenables. Como adultos que somos (y partiendo del mundo real —y no el imaginario— en el que vivimos), uno puede celebrar el fin de una de las dictaduras más represivas del planeta sin tener que aplaudir todas las acciones del imperio yanqui.

Porque las preguntas incómodas para las buenas conciencias son otras. ¿Cuál era la alternativa? ¿De verdad alguien esperaba que el régimen de Maduro se reformara desde adentro? ¿Alguien creyó que aún existía posibilidad para el diálogo y la negociación, cuando por años la dictadura le cerró todas las puertas a la oposición, a la sociedad civil y a la comunidad internacional? ¿Se imaginaban que una transición democrática iba a emerger mágicamente de un narcoestado que ya había abandonado toda fachada legal e institucional?

Esta discusión me recuerda inevitablemente la controversia que rodeó la invasión de Irak en 2003-2004. En su momento gran parte del establishment intelectual se desgarraba las vestiduras denunciando los motivos de la intervención, mientras convenientemente ignoraba que el país llevaba décadas bajo el mando de uno de los dictadores más sanguinarios y sicópatas de la historia moderna.

Tiranía

En ese torbellino entró Christopher Hitchens —un héroe personal—, quien decidió enfrentarse a su propio bando ideológico para sostener una tesis que hoy sigue siendo herética: que eliminar a Saddam Hussein era una acción moralmente correcta. No porque la guerra fuera limpia o perfecta, sino porque permitir la continuidad de su régimen era, sencillamente, mucho peor. Creo que lo mismo puede argumentarse hoy sobre el caso venezolano.

Aquí les dejo algunas de las reflexiones de Hitchens, citas que fueron extraídas del libro the Quotable Hitchens.

“La decisión de poner fin al régimen de Saddam Hussein es la correcta, y además era la única posible. No es, en realidad, una declaración de guerra. Es más bien la determinación de llevar una guerra larga y sórdida a una conclusión largamente postergada”.

“Quienes apoyamos esta intervención lo hacemos precisamente porque somos escrupulosos con la vida humana y reverentes en lo que respecta a su protección”.

“Siento repugnancia por quienes atribuyen las muertes de esta semana a la intervención y no a su único responsable: Saddam Hussein”.

“Creo que es seguro que los historiadores no concluirán que la eliminación de Saddam Hussein fue algo que la comunidad internacional debió haber postergado más. De hecho, si hay algo vergonzoso, es que administraciones anteriores dejaran esa responsabilidad sin cumplir”.

Ahora bien, no existe ninguna duda de que el futuro inmediato para Venezuela —como ocurrió también en Irak— será complicado y turbulento. Se cometerán errores, abusos y veremos consecuencias no previstas. Pero ocurra lo que ocurra una cosa es segura: esta semana nos libramos de una tiranía asquerosa que había aterrorizado a su población por décadas.

No tienen que agradecerle nada a Trump si no quieren. Basta con reconocer y celebrar este hecho. ¡Feliz inicio de año!

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