La maternidad suele coexistir con expectativas sociales rígidas y con un entorno artístico que pocas veces considera los tiempos y necesidades de las mujeres. En este contexto, la cantante chilena Paz Court apuesta por un discurso que conecta creación, identidad y autocuidado.
Desde su nuevo álbum, Casa, la artista reivindica este proceso como una experiencia compleja, transformadora y digna de ser visibilizada.
Court reflexiona en entrevista sobre cómo conciliar la vida profesional con el ejercicio pleno de ser mujer y creadora, poniendo sobre la mesa la necesidad de reconocer el trabajo creativo de las mujeres y las condiciones que requieren para desarrollarse en igualdad.
—Casa nació en un momento de transición personal. ¿Qué lo inspiró?
—El disco surgió entre la migración, el encierro pandémico y, después, la maternidad. Fue creado desde casa y a distancia, entre México y Chile, pero también desde un espacio interno de reconstrucción. Es un trabajo íntimo que refleja el desafío de reinventarse cuando todo cambia alrededor.
—Desde una perspectiva de género, ¿cómo influye ser mujer en su proceso creativo?
—Influye profundamente. Las mujeres cargamos historias, roles y presiones culturales que se cuelan inevitablemente en nuestra música. Crear se convierte en un acto de autonomía y resistencia: una manera de contarnos desde nuestras propias voces y no desde lo que se espera de nosotras.
—Su maternidad marcó un giro importante. ¿Cambió su forma de hacer música?
—Me transformó por completo. Intenté mantener el ritmo de trabajo, pero entendí que la maternidad es impredecible y personal. Necesité hacer una pausa para maternar y reconocer mis nuevos límites. Retrasar el lanzamiento dos años fue un acto de honestidad y autocuidado. Y, curiosamente, también de empoderamiento: decidir por mi bienestar y el de mi hija, aunque no encajara en los tiempos del mercado.
Espacios
—En esta etapa, ¿cómo concilia su vida artística con su vida familiar?
—Con paciencia y adaptándome. Mi hija ha estado conmigo en procesos teatrales y creativos, y ha sido hermoso. Pero también es desafiante: cambia el ritmo, la energía, las prioridades. Creo que es clave que las mujeres recuperemos un espacio propio, porque estar bien nos permite maternar mejor. Y también porque el arte sigue siendo un territorio que muchas mujeres debemos reconquistar después de ser madres.
—¿Qué nuevos caminos explora en su obra?
—Ahora mismo estoy creando para la primera infancia. Quiero unir mis mundos: la maternidad, la música, el teatro. Estudio educación creativa y desarrollo una obra con música original para bebés, un espacio respetuoso y sensible que se aleje del adultocentrismo. Me interesa generar experiencias artísticas que acompañen y también incluyan a las madres, quienes solemos estar fuera de los diseños culturales.
—¿Cómo imagina aportar al desarrollo artístico de las primeras infancias desde una mirada de género?
—Reconociendo que los bebés son sujetos plenos y que las madres necesitamos espacios dignos para habitar la cultura. Crear para la infancia implica ofrecer experiencias sin sobreestimulación, inspiradas en nuevas miradas educativas y sensoriales. También es una forma de reivindicar el rol de las madres y de integrar la maternidad en la vida pública sin culpa ni invisibilización. Hablar de maternidad, arte y equidad es una forma de transformar la experiencia de muchas mujeres.

