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06 diciembre 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

A LOS TRES AÑOS

“Eso no es de izquierda ni de derecha”.

Para Andrés Manuel López Obrador siempre ha sido importante “llenar el Zócalo”. Lo ha logrado una y otra vez, tanto en campañas y movilizaciones de protesta como ahora en sus actos como presidente. Sus simpatizantes arribaron el 1 de diciembre en cientos de autobuses fletados por organizaciones políticas de todo el país. Si juntar a decenas o cientos de miles de simpatizantes es una muestra de fuerza política, el presidente y su partido, Morena, la exhibieron el miércoles.

El presidente ofreció uno de sus mejores discursos. No solo leyó de corrido, sino que se apartó del texto en varias ocasiones para improvisar con emotividad y contundencia. Su discurso, sin embargo, fue extraordinariamente triunfalista. No reconoció un solo error en su gobierno.

Acompañado en el evento por el expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff, AMLO se proclamó un hombre de izquierda. Rechazó la posibilidad de “correrse al centro”, como recomiendan los “publicistas del periodo neoliberal”. Dijo: “Ser de izquierda es anclarnos en nuestros ideales y principios, no desdibujarnos. Si somos auténticos, si hablamos con la verdad y nos pronunciamos por los pobres y por la justicia, mantendremos identidad y ello puede significar simpatía, no solo de los de abajo, sino también de la gente lúcida y humana de la clase media y alta, y con eso basta para enfrentar a las fuerzas conservadoras, a los reaccionarios”.

Sin embargo, afirmó que pronto saldremos de la crisis económica y dijo que esto sería gracias a una política conservadora. “¿En qué baso mi optimismo? Primero, en que no nos endeudamos, no nos endeudamos como sucedió en otros países; segundo, en que no se nos cayó la recaudación de ingresos, el ingreso en la hacienda pública; esto nos permitirá mantener finanzas públicas sanas y suficientes para seguir impulsando el crecimiento y la creación de empleos con obras como el Tren Maya, la nueva refinería, los dos nuevos aeropuertos, el desarrollo del Istmo de Tehuantepec y las carreteras”.

Inversión

No es completamente cierto que no nos hayamos endeudado. La deuda neta del sector público, incluyendo a Pemex y la CFE, alcanzó los 12.6 billones de pesos en octubre de 2021, un incremento de 9.8% sobre el cierre de 2020 que la Secretaría de Hacienda atribuyó a la depreciación del peso. Lo que sí es cierto es que la deuda se mantiene estable en comparación con el Producto Interno Bruto: de 45.1% en 2019 subió a 51.5% en 2020, en buena medida por el colapso de la economía; pero el monto ha bajado a 49.9% en lo que va de 2021. Esta estabilidad se registró en un momento en que las deudas de la mayoría de los países se incrementaron de manera importante como consecuencia de los programas de gasto para reactivar la economía.

Coincido con el presidente: tener finanzas públicas sanas ayudará a la recuperación. Esto permite que el peso se encuentre razonablemente estable, lo cual es positivo para México. Las devaluaciones le han hecho un enorme daño a nuestro país.

Preocupa, sin embargo, el tono triunfalista del informe. Si bien hay medidas acertadas el gobierno ha cometido errores que han deprimido la inversión productiva. El presidente se vanagloria de haber cancelado proyectos y de no permitir nuevas inversiones en minería y otros sectores. El problema es que, sin inversión, México no podrá tener un crecimiento sano en los próximos años.

Eso no es de izquierda ni de derecha. Es simplemente una mala política pública.