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25 octubre 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

CRUCES EN LA FRONTERA

“El problema es que en política la migración no es ni nunca ha sido popular”.

La pandemia no impide que millones de mexicanos, centroamericanos y personas de otras nacionalidades sigan tratando de ingresar a Estados Unidos. Tampoco detiene al gobierno de la Unión Americana en sus esfuerzos por frenar este flujo de migrantes.

En el año fiscal que concluyó en septiembre de 2021 las autoridades estadunidenses detuvieron a 1.7 millones de migrantes en la frontera con México. Es la mayor cifra que se registra desde que hay estadísticas en la materia. Las detenciones empezaron a subir desde 2020, pero se dispararon después de que Joe Biden asumió la presidencia en enero de 2021.

Los meses con más detenciones fueron julio y agosto de 2021, a pesar de las altas temperaturas en la frontera.

Resultó falsa la idea de que la pandemia disminuiría los flujos de migrantes, pero también la de que el gobierno de Biden no recurriría tanto a las detenciones como su antecesor. Donald Trump amenazó constantemente con usar la fuerza para detener a los migrantes, pero ha sido Biden quien más lo ha hecho en la historia.

Lo curioso es que mientras el gobierno de Estados Unidos utiliza la fuerza pública para detener a los migrantes, las empresas del país están desesperadas porque no consiguen trabajadores para sus vacantes. Los subsidios que reparte el gobierno de Biden le quitan buena parte del incentivo al trabajo. ¿Para qué laborar si el gobierno le paga a uno sin hacer nada?

Estas dificultades para contratar trabajadores afectan a empresas de todo tipo, pero los peores problemas se registran en la agricultura, particularmente en la recolección de cosechas, y en las industrias de la hospitalidad, como hoteles y restaurantes. Las grandes empresas, como Walmart y Amazon, enfrentan el problema elevando los sueldos de sus trabajadores, pero los pequeños negocios, fuertemente golpeados por la pandemia, apenas sobreviven.

Absurdo

La avalancha de trabajadores mexicanos y centroamericanos genera incomodidad en la población estadunidense. La resistencia a los nuevos migrantes, sin embargo, es mayor entre quienes llegaron más recientemente a este país de inmigrantes: son competencia para aquellos que ocupan los puestos que los estadunidenses de varias generaciones no quieren ya desempeñar.

Poca gente entiende que una economía se beneficia de la migración. Las oleadas sucesivas de extranjeros que han llegado a Estados Unidos fortalecieron la economía del país. Han promovido innovaciones y generado competencia que se traduce en una mayor productividad. La Unión Americana llegó a ser la mayor potencia del mundo por las libertades económicas y de migración que la distinguieron de una Europa anquilosada y cerrada en los siglos XIX y XX.

El problema es que en política la migración no es ni nunca ha sido popular. Lo sabe Trump, quien hizo de su retórica contra los inmigrantes la clave de su triunfo en las elecciones presidenciales de 2016, y lo sabe Biden, quien si bien prometió en campaña una mayor apertura migratoria porque la exigían los activistas de izquierda que lo apoyaban, en realidad aplica una política más restrictiva porque sabe que si no lo hace los electores se lo cobrarán en las urnas.

Mientras tanto, estamos presenciando un absurdo: una economía que necesita más trabajadores para hacer prosperar sus campos, hoteles, restaurantes y fábricas, y un gobierno que gasta miles de millones de dólares al año no para detener a criminales sino a los trabajadores que tanto necesita su economía.