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20 septiembre 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

DÍAZ-CANEL EN MÉXICO

“Ni los logros económicos ni los sociales compensan el despojo a los ciudadanos de sus derechos fundamentales”.

Cometió un error el gobierno del presidente López Obrador al invitar a Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, a participar en los festejos patrios de nuestro país. Quizá nadie habría objetado la presencia del líder cubano si esta se hubiera limitado a la reunión cumbre de la Celac, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, pero Díaz-Canel vino primero como protagonista en una ceremonia muy importante para los mexicanos.

Entiendo que México debe mantener buenas relaciones con todos los países. No tenemos que estar de acuerdo con los gobiernos de China o Arabia Saudita, Nicaragua o El Salvador, para tener lazos con esas naciones. Pero invitar a un dictador a que acompañe al presidente de México en los festejos patrios es algo muy distinto. ¿Qué habríamos pensado si algún mandatario hubiera invitado a Augusto Pinochet a dar un discurso en nuestro país con motivo de las fiestas patrias?

Hay quien dice que Díaz-Canel no es un dictador, que en Cuba hay elecciones democráticas, pero eso solo revela ignorancia o ceguera ideológica. Es verdad que hay elecciones periódicas en Cuba, pero en estas únicamente pueden participar candidatos del Partido Comunista o avalados por el gobierno a través de una Comisión de Candidaturas. Solo puede haber un candidato para cada escaño en la Asamblea Nacional. Los representantes en la Asamblea eligen posteriormente al presidente. Los resultados son siempre virtualmente unánimes. No hay un camino para que alguna oposición, cualquiera que sea su programa, pueda llegar al gobierno por medios democráticos.

Algunos justifican la dictadura con el argumento de que las políticas sociales cubanas son muy buenas. Señalan como ejemplos los servicios de salud, el sistema educativo y el elevado desempeño del deporte cubano. Pero aun suponiendo que estos logros fueran reales, ya que los cubanos comunes y corrientes, al contrario de los privilegiados miembros del Partido Comunista, se quejan de la calidad de sus servicios de salud y de educación, esto no sería justificación para una dictadura.

Objetivo

Adolf Hitler y Pinochet se enorgullecían también de sus éxitos en Alemania y Chile, pero ni los logros económicos ni los sociales compensan el despojo a los ciudadanos de sus derechos fundamentales.

López Obrador cuestionó al grupo de panistas que se reunieron en México con Santiago Abascal, líder del partido derechista español Vox, a quien acusó de ser “casi fascista”. El encuentro ciertamente tuvo un impacto negativo para el PAN, que se deslindó de la visita. Pero el presidente no se da cuenta de que la invitación a Díaz-Canel lo pone en el mismo plano.

La visita del líder cubano ha sido un previo de la reunión cumbre de la Celac en México. Con esta nuestro país busca arrebatarle a Estados Unidos el liderazgo en Latinoamérica. La Celac puede convertirse en un organismo que reemplace a la OEA como la principal institución para ventilar conflictos en la región. Si lo logra, México adquiriría una influencia internacional que no ha tenido hasta ahora.

No sé si el esfuerzo del presidente y del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, tendrá éxito. Ya lo intentaron hace décadas Luis Echeverría y José López Portillo. Pero aun si este fuera el objetivo de la política exterior, no se justifica darle a un dictador como Díaz-Canel un lugar especial en nuestros festejos nacionales.