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15 noviembre 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

EL PLAN MUNDIAL

“En 1820 casi 94% de la humanidad estaba hundido en la pobreza”.

Todos queremos disminuir o eliminar la pobreza. Es el tema fundamental de la política económica. El problema es cómo lograrlo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador propuso el 9 de noviembre en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas un Plan Mundial para la Fraternidad y el Bienestar que supuestamente eliminaría la miseria de los 750 millones de personas más pobres del planeta.

No era el foro adecuado y así lo señaló el representante de la Federación Rusa, Vasily Nebenzya, quien advirtió que el Consejo de Seguridad no dispone “de las herramientas para facilitar la formación de modelos económicos”. Pero dejemos de lado este detalle porque, aunque el presidente reveló su propuesta en el Consejo de Seguridad, añadió que el canciller Marcelo Ebrard la llevaría a la Asamblea General.

¿Qué incluye este Plan Mundial para la Fraternidad y el Bienestar? La idea es generar un fondo de un billón de dólares anuales que se entregarían directamente, sin intermediarios, a los 750 millones de personas en el mundo con un ingreso inferior a dos dólares diarios. El dinero se obtendría de “una contribución voluntaria anual de 4% de sus fortunas a las mil personas más ricas del planeta. Una aportación similar por parte de las mil corporaciones privadas más importantes por su valor en el mercado mundial y una cooperación de 0.2% del PIB de cada uno de los países integrantes del Grupo de los 20”.

Pensar, sin embargo, que las mil personas más ricas del mundo donarían voluntariamente cada año 4%, no de su ingreso sino de su fortuna, es un simple sueño.

Libertad

Parece poco, pero este 4% acabaría en 20 años con su patrimonio total. Además, los ricos no tienen su dinero en una piscina con efectivo, como Rico MacPato, sino en activos y acciones de empresas, que tendrían que vender para pagar esta “aportación voluntaria”. Por otra parte, una contribución anual de 4%, no de las utilidades sino del activo total de las corporaciones, las quebraría a todas en unos cuantos años. Tampoco los gobiernos podrían donar anualmente 0.2% del PIB. Tan solo en Estados Unidos la carga sería de 500 mil millones de dólares al año: ningún político podría regalar este dinero a otros países sin ser derrotado en las urnas en la siguiente elección.

Esto no significa que se deba abandonar el sueño de eliminar la pobreza extrema en el mundo. La historia nos dice que sí se puede hacer y cuál es el camino para lograrlo. La humanidad vivió siempre no solo en la pobreza sino en la miseria. Sin embargo, a partir de principios del siglo XIX, con el inicio del sistema de libre empresa y el comercio libre, se registró lo que la economista Deirdre McCloskey llama el Gran Enriquecimiento, un fenómeno sin precedentes en la historia.

En 1820 casi 94% de la humanidad estaba hundido en la pobreza y 84% en pobreza extrema. Para 2015, sin embargo, la población en pobreza extrema quedó por primera vez por debajo de 10%. Solamente China rescató desde 1980, cuando abandonó el comunismo, a mil millones de personas de la miseria, más de las que ahora AMLO quiere salvar. Este Gran Enriquecimiento no se logró con grandes planes gubernamentales de reparto de la riqueza, sino con los recursos que surgieron de la libertad de invertir y hacer negocios.

Comparto el deseo del presidente de construir una prosperidad incluyente en el mundo, solo que la experiencia nos dice que la mejor forma de lograrlo no es quitar dinero a los ricos y entregarlo a los pobres, sino eliminar los obstáculos para que los pobres puedan construir su prosperidad.