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18 julio 2022
Sergio Sarmiento
Columnas

EN LA OFICINA OVAL

“Cada presidente buscó utilizar la reunión para sus propósitos políticos internos”.

“A pesar de los titulares alarmistas que a veces vemos, usted y yo tenemos una fuerte y productiva relación”. Esta frase la pronunció el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al comenzar la reunión en la Oficina Oval con el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, el pasado 12 de julio. Era una forma de subrayar que pese a las diferencias y a la decisión de AMLO de no asistir a la Cumbre de las Américas del 6 al 10 de junio la colaboración entre ambos países se mantiene.

La expresión de Biden ratifica la importancia de una reunión que resultaba necesaria para los dos vecinos. Varios funcionarios importantes del gobierno de Biden reaccionaron con molestia ante la decisión de López Obrador de no asistir a la Cumbre de las Américas, que se realizó en Los Ángeles, en parte para darle relevancia entre la población de origen mexicano del sur de California.

Tampoco les gustaron las declaraciones del presidente mexicano en el sentido de que Washington debe dejar de financiar a organizaciones como Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad o que Estados Unidos debe suspender las acusaciones contra Julian Assange o si no lo hace desmantelar la estatua de la Libertad.

La molestia del equipo de Biden se remonta, de hecho, al periodo posterior a las elecciones presidenciales de 2020, cuando López Obrador se resistió tanto como pudo a felicitar a Biden por su triunfo y alentó las afirmaciones falsas del entonces presidente Donald Trump de que este había sido víctima de un fraude.

El presidente Biden, sin embargo, prefirió soslayar estos agravios en un intento por tener una buena relación con su colega mexicano. Una de las razones es que necesita el apoyo de los votantes estadunidenses de origen mexicano en unas cruciales elecciones intermedias el próximo 8 de noviembre.

Cordialidad

López Obrador rompió el protocolo en la Oficina Oval al leer un texto de media hora con una serie de propuestas concretas. Las propuestas no son malas. AMLO sugirió, por ejemplo, que el gobierno de Estados Unidos debería emitir visas temporales de trabajo, no solo agrícolas, sino también para empleos industriales y en el sector servicios; se ayudaría así a reducir la enorme presión inflacionaria que genera la escasez de trabajadores en la economía de Estados Unidos. El presidente Biden, sin embargo, pidió “paciencia” a AMLO. Tiene sentido económico otorgar estas visas, pero la inmigración es impopular en la Unión Americana y abrirla ahora reduciría las posibilidades de que los candidatos demócratas ganen las elecciones intermedias.

En lo que sí hubo anuncios concretos fue en el tema de inversiones de los dos países para mejorar la infraestructura en la frontera y facilitar los cruces de personas y mercancías. El gobierno estadunidense ratificó su compromiso de invertir tres mil 400 millones de dólares, mientras que México prometió mil 500 millones de dólares, aproximadamente 30 mil millones de pesos. Estas inversiones ayudarán a agilizar los cruces en una frontera ya muy saturada.

Cada presidente buscó utilizar la reunión para sus propósitos políticos internos. Es normal. Los temas espinosos no salieron al aire. Ni López Obrador tocó públicamente el tema de Assange, ni Biden trajo el tema de las inversiones estadunidenses afectadas por las medidas del gobierno mexicano en el sector de energía. Los dos quisieron mostrar una imagen de cordialidad… y estuvo bien que lo hicieran. Hay otros foros para dirimir diferencias.