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10 julio 2022
Sergio Sarmiento
Columnas

LIBERTAD DE MOVIMIENTO

“En Estados Unidos hay una profunda escasez de mano de obra”.

Lo peor de todo es que la tragedia de San Antonio era innecesaria. Las políticas que restringen la migración no tienen ningún beneficio para nadie: solo reducen la prosperidad y generan pobreza y muerte para los migrantes.

“Si hay una política que es todavía más beneficiosa que el libre comercio es la libre inmigración”, escribe Johan Norberg en su libro Open: The Story of Human Progress. “Abolir todas las barreras a los bienes y servicios incrementaría el PIB global en un par de puntos porcentuales, algo que no se debe despreciar, pero abolir las barreras a las personas lo elevaría en 60-150%”. Una simple reducción parcial de las barreras a la movilidad laboral aumentaría la prosperidad del mundo en billones de dólares. Por eso los economistas hablan de “billones de dólares en las aceras” cuando se refieren a una simple estrategia de permitir que la gente pueda trabajar donde quiera.

Una de las razones por las que Estados Unidos y Canadá son países ricos es que han tenido políticas migratorias bastante abiertas, hasta ahora. Cada oleada de migrantes ha generado innovación y competencia que reditúa en una mayor prosperidad para esas sociedades. Hoy 21.9% de la población de Canadá es inmigrante. En Estados Unidos el total es de 13.7%. En México, en cambio, solo 0.9% de la población nació en el extranjero.

En cualquier país del mundo el rechazo a los extranjeros, a los diferentes, es natural, pero los políticos populistas aprovechan esa reacción para erigir barreras contra los inmigrantes. En Europa hemos visto movimientos políticos muy importantes de agrupaciones como el Frente Nacional o Alternativa por Alemania cuya principal preocupación es cerrar las puertas a los migrantes. En Estados Unidos, Donald Trump llegó a la Casa Blanca con una campaña que acusó a los mexicanos de todos los males de su país. En México no tenemos un movimiento populista así, pero es porque todos los gobiernos, desde el comienzo del país, se han dedicado a denigrar a los extranjeros y a impedir el acceso de inmigrantes.

Mayor inversión

En este momento en Estados Unidos hay una profunda escasez de mano de obra. Empresas de todo tipo están desesperadas por obtener trabajadores y empleados con deseos de laborar y progresar. La escasez de personal se ha convertido en una de las restricciones más importantes al crecimiento de la economía estadunidense. Si Washington relajara sus políticas migratorias, si permitiera a un mayor número de extranjeros trabajar en el país, habría una mayor prosperidad para todos y una menor inflación.

Los gobiernos de los países expulsores de población, sin embargo, pueden hacer mucho más para no obligar a su gente a arriesgar la vida para llegar a naciones donde aspiran a lograr una existencia más digna. La solución no es repartir dinero en programas sociales, sino permitir una mayor inversión que genere actividad económica y empleos. Un país como Venezuela, que era el mayor receptor de inmigrantes en Sudamérica, es hoy un expulsor neto de migrantes porque las políticas de su gobierno han empobrecido a la población.

En México debemos tener en cuenta esas experiencias. Está bien que exijamos una reforma migratoria a Estados Unidos, pero hay que hacerla también nosotros. Debemos entender que de nada sirve regalar dinero a los pobres si no se impulsan medidas que generen inversión y empleo bien pagado.