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28 marzo 2022
Sergio Sarmiento
Columnas

LOS AEROPUERTOS

“La razón de ser de un aeropuerto es la conectividad”.

Soy periodista y no especialista en temas aeronáuticos; aun así, estoy convencido de que el aeropuerto de Texcoco era la mejor opción para el Valle de México. No lo digo yo, sino el Centro de Investigación y Desarrollo MITRE, una institución internacional que se dedica precisamente a realizar ese tipo de análisis y que siempre ha mantenido que Texcoco es el mejor lugar para un aeropuerto de gran tamaño en un complicado Valle de México.

Lo sabe el propio presidente López Obrador. Por eso publicó un decreto este 22 de marzo, un día después de que inauguró el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), con el que declaró Área Natural Protegida la zona de Texcoco en la que se construía el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

El propósito es impedir que algún gobierno en el futuro pretenda recuperar este proyecto que MITRE y muchos especialistas consideran el mejor para dar servicio a la Ciudad de México.

A mi juicio, sin embargo, el tema debe ya quedar zanjado. No tiene sentido pretender borrar lo construido en Santa Lucía para regresar al NAIM. Mal haría un próximo gobierno en hacer lo mismo que ha hecho López Obrador y tirar a la basura una inversión que hasta este momento asciende a 116 mil millones de pesos. Ya lo hizo AMLO al desechar un aeropuerto avanzado en su construcción a un costo de 113 mil millones. Más vale aprender a vivir con el AIFA y con el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el AICM. Pero no nos hagamos ilusiones. No nos van a proporcionar, ni juntos ni separados, un centro de conexiones internacionales tan eficiente y rentable como el NAIM. Sin embargo, lo hecho, hecho está.

Acceso

¿Cuáles son las ventajas del AIFA? Una es que el subsuelo de Santa Lucía es, efectivamente, más sólido que el de Texcoco o el de la alcaldía Gustavo A. Madero, donde se asienta el AICM. El actual aeropuerto capitalino tiene un hundimiento significativo que obliga a realizar trabajos de realineamiento de manera periódica. El NAIM tenía un sistema de cimentación distinto, mucho más estable, pero no hay duda de que el costo de mantenimiento será inferior en el duro suelo de Santa Lucía.

La principal desventaja del AIFA es la distancia a la Ciudad de México: 46 kilómetros lo separan del Zócalo capitalino. Esto es bastante más que casi cualquier otro aeropuerto del mundo. Entre la City, centro financiero de Londres, y Heathrow hay 25 kilómetros; entre el Charles de Gaulle y el centro de París, 30. Pero más que la distancia lo que importa es el tiempo. Un tren lo lleva a uno de Londres a Heathrow en 15 minutos. En estos momentos el tiempo para ir del centro de la Ciudad de México a Santa Lucía es de una hora y cuarto a dos horas y media, dependiendo de la hora del día.

Para que el AIFA tenga éxito deberá atraer a millones de pasajeros al año y es muy importante que estos tengan formas eficientes de llegar y salir. Las vías de acceso son en este momento un desastre. Dice el presidente que hay un tren que llega al aeropuerto, el cual ya mostró en un video, pero esa vía no está conectada al sistema ferroviario, por lo que nadie la puede usar para llegar al aeropuerto. Eso es igual a no tener nada.

La razón de ser de un aeropuerto es la conectividad. Si el presidente quiere que su aeropuerto tenga éxito necesitará dedicar mucha más atención a las vías de acceso. Un aeropuerto no es solamente una torre de control y unas pistas. Necesita pasajeros, pero no los tendrá si estos no tienen forma de llegar.