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20 junio 2022
Sergio Sarmiento
Columnas

MEJOR NO ESTORBAR

“Los países más prósperos son aquellos en los que el gobierno estorba menos a la creación de riqueza”.

Los gobiernos no crean riqueza, pero pueden por lo menos evitar convertirse en obstáculos para que los ciudadanos la generen. Mucho ayuda el que no estorba.

La primera medida para no estorbar es no cobrar impuestos excesivos. En México el gobierno cobra a quienes trabajan y producen una tercera parte de su ingreso. Esto reduce la capacidad de invertir y de generar crecimiento. Mucho se dice que en México se recauda poco, pero no es porque las tasas fiscales sean bajas, sino porque mucha gente ha preferido buscar la libertad económica en la informalidad.

Cada vez tiene más ventajas trabajar fuera de la economía oficial. Hay 32.2 millones de mexicanos con actividad económica que no tienen un empleo formal. La tasa de informalidad laboral cerró 2021 en 56.6 por ciento de la población económicamente activa. Conviene trabajar fuera de la economía de los impuestos y los trámites burocráticos.

Otros países, incluso los más desarrollados, cobran también altas contribuciones, pero en México los impuestos no se utilizan para otorgar servicios públicos de calidad. Los ciudadanos deben pagar dos veces por los servicios que requieren. Sufragan, por ejemplo, la seguridad del Estado a través de los impuestos, pero deben pagar además seguridad privada en sus edificios o casas, en sus oficinas y fábricas. Cubren los costos de un sistema público de salud, pero tienen que contratar servicios médicos privados porque las clínicas y hospitales públicos están rebasados. Pagan los costos de las carreteras, pero estas se encuentran tan deterioradas que causan daños a los vehículos.

Burocracia

Otra medida para no estorbar es reducir los trámites burocráticos al nivel estrictamente necesario. No es el caso, sin embargo, de nuestro país. Cada vez es mayor el número de trámites que se requieren para realizar cualquier actividad. El gobierno, por ejemplo, nos obliga a tener firmas electrónicas, para las cuales hay que dejarse tomar huellas digitales y registros del iris, pero la propia autoridad no tiene la capacidad de registrar a todos los ciudadanos que requieren un comprobante fiscal. Las autoridades han prohibido la subcontratación, pero solo han conseguido complicar el proceso para que una persona pueda tener un empleo formal. Los trámites para construir un edificio, una tienda o una casa se vuelven cada vez más complicados; están diseñados para que no haya más opción que pagar sobornos.

México tiene oportunidades excepcionales para crecer de manera vigorosa, pero la burocracia se expande y los obstáculos a la inversión se multiplican. Por eso la tasa de crecimiento de nuestro país ha sido de solo dos por ciento anual en las últimas décadas, pero en lugar de subir ahora está bajando. Parecería que el gobierno ha asumido la filosofía de que su función debe ser impedir la inversión y la generación de riqueza. La actividad económica privada se ve hoy como un acto de corrupción, cuando solo refleja los deseos de los ciudadanos de construir un patrimonio para ellos y sus hijos.

Esta filosofía hay que cambiarla. El gobierno debe entender que toda la riqueza la generan los ciudadanos, ya sea trabajando de manera individual o asociándose en empresas, que no son más que la suma de individuos productivos. Los países más prósperos son aquellos en los que el gobierno estorba menos a la creación de riqueza. México, sin embargo, es un país pobre porque la autoridad, en vez de facilitar, se dedica a crear obstáculos a la generación de riqueza.