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30 mayo 2022
Sergio Sarmiento
Columnas

PAÍSES DE MATANZAS

“Tener mayor control, aunque no necesariamente una prohibición, podría tener sentido”.

Un joven de 18 años, Salvador Ramos, mató a 19 niños y dos maestras en Uvalde, Texas, el 24 de mayo. De inmediato surgieron cuestionamientos y posiciones políticas.

La matanza de Uvalde se une a una larga lista de tragedias similares en la Unión Americana. Si solo se consideran las que han tenido lugar en escuelas, la de Uvalde es la segunda más mortífera desde 1970.

Algunos sostienen que el problema de fondo es la facilidad para la compra de armas en Estados Unidos. Del otro lado se descarta que esta sea la causa y se apunta más bien a problemas mentales que generan las políticas liberales y el uso de las drogas.

El presidente estadunidense, Joe Biden, demócrata, no perdió tiempo en responsabilizar la facilidad de comprar armas por la matanza. El mismo 24 de mayo ofreció un sombrío discurso desde la Casa Blanca en el que dijo: “Como nación tenemos que preguntar: ¿Cuándo, en nombre de Dios, le vamos a poner un alto al lobby de las armas? ¿Cuándo, en nombre de Dios, haremos lo que todos sabemos en nuestras entrañas que tenemos que hacer? Si un chico de 18 años puede entrar a una armería y comprar dos armas de asalto es algo simplemente malo. ¿Para qué, en nombre de Dios, necesitas un arma de asalto sino para matar a alguien?”

El gobernador de Texas, Greg Abbott, republicano, descartó que la facilidad para comprar armas sea la razón de la violencia. “La posibilidad de que un mayor de edad compre un arma larga existe desde hace 60 años y no habíamos tenido episodios así. Lo que ha cambiado en este tiempo es el desafío de la salud mental. Cualquier persona que dispara a otra tiene un problema mental y punto”.

Paradojas

La verdad quizá se encuentra en algún punto intermedio. Las facilidades para la compra de armas pueden ser un factor, pero no es necesariamente determinante. Según los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos la tasa de homicidios dolosos en Texas, donde es legal comprar armas, es de 7.6 por cada 100 mil habitantes. En México, donde este comercio fue prohibido por el presidente Luis Echeverría, a pesar de que el artículo 10 de la Constitución todavía registra el derecho de los mexicanos “a poseer armas en su domicilio para su seguridad y legítima defensa”, la tasa de homicidios se eleva a 29 por cada 100 mil habitantes. La prohibición no ayuda mucho en México.

Es paradójico, por supuesto, que en Estados Unidos un chico de 18 años no pueda comprar una cerveza pero sí una pistola o un arma de asalto. Tener un mayor control de la venta de armas, aunque no necesariamente una prohibición, podría tener sentido. Un registro de los dueños de armas, y quizás algunas restricciones en las compras de personas con problemas mentales o un historial de violencia, podrían ayudar sin llegar a la prohibición.

Los estudios científicos sobre la violencia sugieren, sin embargo, que factores como la solidez de la familia o el entorno social son más importantes que la libertad para comprar armas. Otro factor importante es la eficiencia de las policías. Salvador Ramos fue abatido a tiros por la policía texana después de matar a sus víctimas. En México el gobierno ha recomendado a los policías ofrecer abrazos y no balazos a los criminales.

La mayor parte de los perpetradores de matanzas en Estados Unidos son capturados o muertos. En México la impunidad es casi total. Y si algo nos dice la experiencia es que la impunidad es un factor más importante en la violencia que la libertad para adquirir armas.