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31 enero 2022
Sergio Sarmiento
Columnas

POR UN MERCADO ELÉCTRICO

“El peor de los mercados libres es mejor que el que controla y manipula un gobierno”.

El objetivo, por supuesto, debe ser lograr los precios más bajos que se puedan conseguir para los consumidores de electricidad en nuestro país. Por eso lo lógico no es aumentar por decreto la participación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el mercado, sino tomar medidas para que se incremente la inversión productiva en todos los aspectos de la electricidad.

Algunos políticos afirman que garantizar a la CFE una participación mínima de 54% en el mercado de electricidad es necesario para garantizar la rectoría del Estado. La misma frase, sin embargo, nos remonta a los tiempos de Luis Echeverría y José López Portillo, quienes pensaban que para defender la soberanía nacional era indispensable tener a un gobierno que participara en los “medios de producción”, ya sea en competencia con los privados o en un régimen de monopolio.

No niego que algunas reglas de la reforma eléctrica de 2013 sean injustas. Por ejemplo, al otorgar Certificados de Energía Limpia solamente a las nuevas inversiones, pero no a las ya existentes, se discriminaba la generación de las viejas hidroeléctricas de la CFE. La idea era incentivar las nuevas inversiones en energía limpia, pero el resultado fue poner en desventaja a unas generadoras que producían energía tan limpia como cualquiera.

Muchos otros aspectos de la reforma, sin embargo, fueron positivos. Establecer que el sistema eléctrico nacional debía comprar primero la electricidad más limpia y barata era una medida sana que tomaron de hecho la mayoría de los países desarrollados en las últimas décadas. El punto fundamental de la reforma era legalizar la inversión privada en electricidad, que había estado prohibida en los tiempos más oscuros del viejo sistema político del PRI.

Libertad

En este momento es triste que se discuta en el Congreso qué tanto se debe revertir la liberalización del mercado de electricidad. En lugar de debatir si se debe o no permitir la inversión en nuevas centrales privadas, hay que cuestionar por qué la reforma de 2013 le dejó a la CFE un monopolio en los servicios de transmisión. Muchos de los problemas que tenemos en el sistema eléctrico en la actualidad, y que se multiplicarán sin duda en el futuro, tienen que ver con el deterioro notable de las redes de distribución. No deja de sorprender por eso que a pesar de que la CFE no ha podido invertir lo suficiente en estas redes de transmisión que actualmente tiene en régimen de monopolio, quiera que se restrinja la inversión privada en generación.

Otro punto en que México tendría que avanzar en lugar de retroceder a la situación que prevalecía en los setenta y ochenta es permitir que no solo las empresas sino también las familias puedan tener acceso a los proveedores más eficientes y baratos de electricidad. En la actualidad algunas empresas, las más importantes, tienen la oportunidad de comprar electricidad más barata y de mejor calidad a proveedores privados, pero a los consumidores residenciales se nos prohíbe recurrir a ellos. La solución no es, como plantea la contrarreforma eléctrica, prohibir que las empresas compren electricidad a los productores más eficientes, sino permitirnos a todos esa misma libertad.

El peor de los mercados libres es mejor que el que controla y manipula un gobierno. Más que aceptar una rectoría del Estado, que a los ciudadanos nunca nos beneficia, deberíamos exigir para el mercado eléctrico una rectoría del consumidor.