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02 septiembre 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

PUNTO MEDIO DEL SEXENIO

“En el gabinete y en la oposición se volverán más abiertos los intentos de sobresalir”.

Parece que han sido muchos más —y lo han sido—, pero este próximo miércoles el presidente Andrés Manuel López Obrador presentará su Tercer Informe de Gobierno. El acto es políticamente significativo porque representa el punto medio del sexenio. Es un momento en que el poder del mandatario en turno está consolidado, por lo que no puede seguir culpando de los problemas a sus predecesores, pero en el que aquellos que quieren sucederlo empiezan a moverse y pueden generarle ruido.

López Obrador llega a este punto del sexenio con el país en una situación compleja, aunque con un elevado grado de popularidad. La economía tuvo una pequeña contracción en 2019 y un dramático desplome en 2020, pero en 2021 se registra una fuerte recuperación.

Hubo en el segundo trimestre de este año, efectivamente, un avance económico de 19.5% contra el mismo período del año anterior. Es una excelente noticia, pero en buena medida producto de que el trimestre de comparación, el segundo de 2020, fue escenario de un desplome. Para todo 2021 se espera una expansión de entre 6 y 7%, la cual no es suficiente tras la caída de 8.3% de 2020, pero cuando menos es señal de que la economía tiene capacidad de recuperación.

En el campo financiero los mercados se encuentran sólidos. La Bolsa de Valores alcanzó los niveles más altos de la historia, mientras que el peso se mantiene estable, con niveles que fluctúan en torno de los 20 por dólar. Muchas de las medidas económicas del presidente son debatibles, pero su gobierno ha sabido mantener finanzas públicas sanas, mientras que el Banco de México conserva una política monetaria prudente.

La pandemia de covid-19 sigue afectando negativamente al país. La tercera ola trae más contagios que las dos primeras, aunque las tasas de mortalidad bajaron. No hay duda ya, sin embargo, de que este es un golpe mucho más severo de lo que consideró el gobierno en un principio.

Ambiciones

¿Qué podemos esperar para los próximos tres años? El crecimiento económico ya no será tan dinámico como en 2021. La inversión fija bruta y la construcción se mantienen deprimidas; y las dos son indicadores adelantados de cómo estará la economía en años posteriores. Muchas de las inversiones del sector público, por otra parte, no serán productivas. Es el caso del Tren Maya y de la refinería de Dos Bocas. Los dos proyectos tendrán pérdidas. El aeropuerto Felipe Ángeles probablemente logrará utilidades, porque no pasará mucho tiempo para que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México se sature nuevamente y muchos vuelos tengan que mudarse. No se logrará, sin embargo, la competitividad como centro de conexiones que habría obtenido el ya cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Las tasas de crecimiento de 2022 a 2024 no serán tan altas como la de 2021. No hay indicación, sin embargo, de que se avecine una crisis financiera, no mientras el gobierno y el Banco de México mantengan políticas prudentes. Los programas sociales seguirán sosteniendo la popularidad del presidente, pero en el gabinete y en la oposición se volverán más abiertos los intentos de sobresalir de los aspirantes a la sucesión.

México sigue siendo un país profundamente presidencialista. Si acaso, el presidente López Obrador ha fortalecido los poderes del Ejecutivo. Esto hará que los juegos de ambiciones se hagan más intensos. Y las acciones de los “aspiracionistas” suelen poner en dificultades al presidente en funciones.