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19 julio 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

REVUELTA EN CUBA

“Los cubanos están cansados de la dictadura”.

Son tiempos de rebelión. Hemos visto la ira de las poblaciones contra sus gobiernos en países tan distintos como Venezuela, Chile y Colombia, Nicaragua y México (en 2017 con el gasolinazo), Francia e incluso Estados Unidos.

Las protestas en Cuba iniciadas este pasado 11 de julio, si bien no fueron tan extensas ni tan violentas como las de otros países, sorprendieron a muchos. Se supone que la gente no sale a protestar cuando vive en un paraíso como el que supuestamente prevalece en la isla. El embargo de Estados Unidos es, según el gobierno cubano, la razón de los problemas del régimen. Es una excusa que se ha esgrimido en los últimos 60 años.

No deja de ser paradójico que los mismos grupos políticos que se oponen a la globalización afirmen que los problemas de Cuba son producto de una medida que impide a las empresas estadunidenses comerciar o invertir en Cuba. Si la globalización fuera tan mala el embargo debería ser beneficioso para el país. La medida, por otra parte, no se aplica ni a los alimentos ni a las medicinas, que son los dos tipos de productos cuya escasez detona las protestas. De hecho, Estados Unidos y Brasil son las dos mayores fuentes de importación de alimentos de Cuba.

El embargo es injusto e ineficaz. Injusto porque se aplica a Cuba pero no a otras dictaduras. Ineficaz porque lejos de debilitar a la dictadura la fortalece. El desplome de los regímenes comunistas de Europa oriental sugiere otro camino. Hay que inundar a los países comunistas con los frutos de la economía de mercado: los celulares y televisores, las computadoras, los productos de consumo en general. Cuando los ciudadanos de países comunistas gozan de los beneficios del capitalismo se vuelven entusiastas del sistema de libertades económicas.

Reformas

La verdad, no obstante, es que los problemas económicos de Cuba no son producto del embargo sino de las fallidas políticas del gobierno. Cuba prohíbe desde hace décadas toda actividad económica privada. Ante el desastre que esto produce buscó después abrir resquicios para la inversión privada. Lo hizo en el campo turístico, generando fuertes inversiones de grupos europeos, principalmente españoles, en la construcción de grandes hoteles en las playas; aunque lo curioso ante el nacionalismo cubano es que las reglas prohíben esta inversión de los cubanos, pero aceptan la de extranjeros. Tras la incapacidad y posterior muerte de Fidel Castro su hermano Raúl hizo reformas para permitir ciertas actividades privadas a personas que fueron llamadas “cuentapropistas”. Estas reformas, sin embargo, fueron demasiado tímidas para permitir una inversión privada vigorosa que pueda construir una mayor prosperidad en Cuba.

La insatisfacción en Cuba no solo es económica. Cuba es una dictadura desde hace 62 años. De nada servirá hacer reformas económicas como las que llevaron a China a su espectacular crecimiento si no se moderniza la política. En Cuba hay elecciones, pero solo con candidatos del Partido Comunista o aceptados por la Comisión de Candidaturas dominada por el mismo partido.

Los cubanos están cansados de la dictadura. Es inaceptable que un gobierno que dice provenir del pueblo le niegue al mismo pueblo el voto democrático. Tener una democracia no evitará que haya protestas en el futuro, pero es un reconocimiento de la soberanía que el pueblo debe tener en la conducción de un país.