Sarmiento-cuartoscuro_826027_impreso.jpg
17 agosto 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

SANGUIJUELAS PARA EL COVID

“Detener nuevamente las actividades económicas y mantener cerradas las escuelas no es una solución”.

La tercera ola de Covid-19 le pega fuerte a nuestro país. El número de contagios rebasó algunos días los 20 mil diarios y casi alcanzó el pico de 22 mil en enero de 2021. En los primeros días de agosto se superaron por primera vez los 400 mil casos activos. El total oficial de fallecidos se acerca al cuarto de millón, mientras que el número real es dos o tres veces superior.

En los primeros días de agosto las muertes diarias oscilaron en alrededor de 500, lejos quizá de las más de mil de enero de 2021, pero muchas más de las que podríamos haber esperado a un año y medio del inicio de la pandemia.

Los semáforos epidemiológicos cayeron nuevamente en el rojo después de avanzar hacia el verde durante los primeros meses del verano. Algunas ciudades y estados empezaron a imponer nuevas restricciones a las actividades productivas, muchas de ellas sin sentido sanitario. En la Ciudad de México, sin embargo, el gobierno de Claudia Sheinbaum se niega a implantar nuevas restricciones. Muchos la critican, yo pienso que es valiente.

En marzo de 2020 vivimos la experiencia de la Jornada Nacional de Sana Distancia. El subsecretario Hugo López-Gatell nos dijo que cerrar las “actividades no esenciales” durante cuatro semanas detendría la difusión de la enfermedad y aplanaría la curva de contagios para mantener un número de camas suficientes para los enfermos. La realidad fue completamente distinta. La epidemia no hizo más que crecer durante esta “jornada”, que de 28 días se extendió a dos meses y se mantuvo en muchas actividades. Las escuelas han permanecido cerradas durante un año y medio. Las pérdidas son enormes y quizás irremediables en el caso de la instrucción, pero la pandemia no se detuvo.

Avanzar

La tercera ola es una realidad innegable. No podemos permanecer cruzados de brazos mientras azota al país. Pero detener nuevamente las actividades económicas y mantener cerradas las escuelas no es una solución que funcione. Millones se hunden en la pobreza como consecuencia de las restricciones, sin que esto sirva para nada en materia de salud.

México es uno de los países con peor desempeño en la lucha contra el Covid. Las autoridades menospreciaron en un principio la enfermedad y no tomaron medidas atinadas para enfrentarla. Cometieron errores garrafales, como no recomendar en un principio el uso de mascarillas y no hacer pruebas para aislar casos de contagio. Hasta la fecha el presidente de la República insiste en no portar cubrebocas. El país registraba a principios de agosto apenas 67 mil pruebas por millón de habitantes, mientras que España tenía 1.25 millones y el Reino Unido 3.7 millones.

La campaña de vacunación de México ha sido relativamente exitosa, por lo menos en comparación con otros países pobres, lo cual atenúa la gravedad de los contagios y disminuye el número de muertes. Pero al final México todavía puede avanzar mucho más.

No tiene sentido utilizar nuevamente la medida que no funcionó: el cierre indiscriminado de la economía. Esta acción recuerda los sangrados que los médicos medievales hacían a los enfermos, a veces con sanguijuelas: no solo no mejoraba la salud del paciente, sino que la empeoraba. México debe seguir vacunando, ahora a los menores de edad, y promover el uso de mascarillas y de pruebas. No es necesario colocar sanguijuelas a la economía pensando que esto ayudará a detener la pandemia.